Cómo y por qué invertir en sostenibilidad

Mercados e inversiones 3 min. de lectura
La inversión sostenible se ha consolidado como una estrategia clave para combinar rentabilidad financiera e impacto positivo, integrando criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG). Más allá de una tendencia ética, invertir en sostenibilidad responde a transformaciones estructurales que están redefiniendo la economía global y las oportunidades a largo plazo.

Invertir con propósito ha dejado de ser una alternativa para convertirse en un argumento relevante que ya buscan casi la mitad de los partícipes de fondos de inversión en España.

En los últimos años, las cifras no solo han dejado de crecer, sino que también se han democratizado nuevas formas de que el inversor pueda acceder a este tipo de opciones, que no solo buscan la rentabilidad financiera, sino que además buscan generar un impacto positivo en el mundo. Pero ¿qué son exactamente las inversiones sostenibles? ¿Cómo invertir en sostenibilidad?
 

Qué es la inversión sostenible

La inversión sostenible cobra sentido en un mundo donde los recursos naturales son limitados y donde el crecimiento de la población y la propia evolución de la sociedad exige otra manera de afrontar el futuro.

Para que una inversión se catalogue como sostenible debe responder a los criterios ESG (siglas en inglés de Environmental, Social, and Governance) y que se traducen al español como criterios ASG (Ambiental, Social y de Gobernanza).

  • Criterios ambientales: todo lo que tiene que ver con cuidar el planeta en el que vivimos y garantizar el buen uso de los recursos naturales. En este apartado caben estrategias contra el cambio climático, gestión de residuos, uso responsable del agua, economía circular o eficiencia energética.
  • Criterios sociales: donde se encuadran temas como la diversidad, los derechos humanos, la salud y bienestar, el desarrollo de talento, la protección al consumidor y el propio consumo responsable.
  • Criterios de gobernanza: este apartado impacta directamente a las empresas, a su gestión, a la diversidad en los consejos de administración, la transparencia y la ética.

Además, con el objetivo de evitar el conocido greenwashing, (práctica engañosa que presenta una imagen falsa de responsabilidad ecológica) la Unión Europea impulsó su propia taxonomía a partir de 2020. Una especie de diccionario que determina qué se puede considerar sostenible y que se ha ido implantando de forma paulatina durante los siguientes años.

Cómo invertir en sostenibilidad

Existen varias opciones para invertir en productos que apuesten por la sostenibilidad buscando, además de obtener rentabilidad, que el inversor esté alineado con estos principios.

Invertir en acciones sostenibles

Una de las opciones más directas, pero también más costosas para el inversor de a pie, es seleccionar compañías que coticen en bolsa y tengan en mayor o menor medida objetivos sostenibles. Pero realizar esta labor por cuenta propia, además de ser muy intensiva en tiempo, porque requiere un análisis profundo, puede hacernos perder de vista la diversificación que necesita toda cartera.

Invertir en fondos de inversión sostenibles

Si no tenemos amplios conocimientos financieros y el tiempo que exige el análisis detallado de compañías, la alternativa son los fondos de inversión, donde un equipo gestor hace ese trabajo por nosotros. Existen distintos tipos de fondos de inversión sostenibles, como veremos a continuación, pero lo principal es tener en cuenta que tengan la etiqueta oficial.

¿Cómo saber si un producto está registrado como sostenible? Para evitar el greenwashing, la Unión Europea creó el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR) y estableció que sólo los fondos artículo 8 y artículo 9 se pueden considerar sostenibles. Esa es la ‘etiqueta’ que debe buscar el inversor:

  • Fondos artículo 8: integran criterios ASG en su proceso de inversión, pero no es su objetivo principal.
  • Fondos artículo 9: tienen el foco absoluto en generar un impacto positivo y medible a través de la sostenibilidad.

Una vez que nos hemos asegurado de que el fondo que hemos elegido tiene el sello correcto y reconocido, podemos seleccionar en qué activo queremos invertir. Así, podemos encontrar:

  • Fondos de renta fija sostenibles: invierten en emisiones ligadas a criterios ASG. Por ejemplo, en bonos verdes, nacidos en 2007 con el objetivo de financiar energías renovables, proyectos de eficiencia energética o de gestión de los residuos, entre otros. Pero también pueden invertir en bonos sociales y otro tipo de renta fija siempre que esté destinada a financiar proyectos sostenibles.
  • Fondos de renta variable (o bolsa) sostenibles: en este caso, el foco está en las empresas cotizadas que, o bien estén implantando de manera diferencial la sostenibilidad en su día a día, o bien sean el primer eslabón de la cadena para un mundo más sostenible (como las compañías de energías renovables o el coche eléctrico).
  • Fondos mixtos sostenibles: estos fondos balancean su cartera entre los dos ejemplos anteriores. En ellos hay una mezcla de emisiones verdes de renta fija y también compañías que cotizan en bolsa. Estos productos suelen tener un riesgo intermedio, para quienes no quieran invertir todo en renta variable.
  • Fondos alternativos: se trata de la inversión directa en activos tangibles, que se pueden ver y tocar. Esta inversión sucede en los mercados privados y hasta hace poco no era apta para todo tipo de inversor, sino solo para altos patrimonios. Los fondos sostenibles que invierten en mercados privados lo hacen directamente en los proyectos, como puede ser un parque eólico, infraestructuras relacionadas con el agua o una planta fotovoltaica.

Por último, ante la elección de uno u otro fondo, hay que tener en cuenta nuestras propias preferencias financieras, al igual que sucede con el resto de inversiones. Nuestro perfil de riesgo, qué liquidez o disponibilidad vamos a tener sobre el dinero invertido y, por supuesto, cuánto destinar a este tipo de inversión en el global de nuestra cartera.

Además de los fondos de inversión, existe la alternativa de los ETFs (fondos cotizados) para invertir en una cesta de activos sostenibles. Su principal ventaja es la liquidez intradía, frente a la liquidez diaria de los fondos. Su inconveniente es, al menos en España, la fiscalidad, ya que un ETF cotiza como una acción (pagas impuestos al venderla) y en el caso de un fondo puedes traspasarlo a otro las veces que necesites sin necesidad de tributar hasta que rescates tu inversión.

Por qué invertir en sostenibilidad

Como ya hemos visto, las inversiones sostenibles siguen conservando el objetivo de obtener una rentabilidad, pero buscan a su vez tener un impacto positivo en el mundo. Los gobiernos no son ajenos a la necesidad de invertir en el futuro y están llevando a cabo varias acciones que respaldan a este tipo de activos.

Por un lado, existen regulaciones y dinero público destinados a impulsar la sostenibilidad. Como ejemplo, la Unión Europea se ha marcado el objetivo de reducir las emisiones un 55% para 2030 y de ser Net Zero en 2050 (que el continente sea climáticamente neutro). Ambos objetivos impulsan una transformación profunda en áreas como la movilidad, la eficiencia energética de los edificios, etc.

A esto se le suma el plan RePowerEU, que nació a raíz de la guerra de Ucrania con el objetivo, entre otros, de obtener la independencia energética, lo cual está favoreciendo el impulso de la industria de energía renovable.

Además, otro de los grandes temas en eclosión es la inteligencia artificial, que conlleva la construcción de enormes centros de datos que consumen ingentes cantidades de energía (otro factor que está beneficiando a las compañías de energías limpias) y también de agua (lo que está impulsando a sectores dedicados a su tratamiento, circularidad y eficiencia).

La inversión sostenible en cifras

Casi un 40% de los fondos de inversión en España son sostenibles. El patrimonio invertido en estos productos ha crecido en más de 150.000 millones de euros desde marzo de 2021, según datos de Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones).

La mayor cifra se concentra en fondos de renta fija sostenible (80.000 millones), frente a los fondos de renta variable sostenible (41.000 millones). Y en cuanto a cómo de sencillo es encontrar un fondo artículo 8 o artículo 9 en España, el volumen se encuentra en los primeros (377 fondos), mientras que los productos puros de sostenibilidad solo son 20.

Por último, casi la mitad de las cuentas de partícipes en fondos de inversión están en un fondo sostenible (ya sea artículo 8 o artículo 9).

En resumen, la inversión sostenible ha dejado de ser solo un componente ético o de principios, para convertirse en un objetivo estratégico para las administraciones públicas y el sector privado.