Febrero de 2026, un mes sin tregua para las tensiones comerciales

Mercados e inversiones 2 min. de lectura
Las tensiones comerciales no dan respiro, ni siquiera en tiempos de espíritu olímpico. Mientras Donald Trump y el Tribunal Supremo de Estados Unidos protagonizan un pulso judicial, Alemania busca un delicado equilibrio en su relación con China.

En el Banco Central Europeo, surge una incógnita: ¿permanecerá Christine Lagarde al frente hasta el final de su mandato? El clima político-financiero se complica, y la posibilidad de una dimisión anticipada de la presidenta añade incertidumbre. En los mercados, persisten los temores de una burbuja asociada a la Inteligencia Artificial, aunque las grandes tecnológicas siguen apostando fuerte con inversiones millonarias.

4 datos económicos clave a resaltar de febrero de 2026:

Aranceles, el Tribunal Supremo desafía a Trump

El 20 de febrero, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró inadmisible parte de los aranceles impuestos por Donald Trump. No todos, sino solo aquellos que justifican la intervención con la International Emergency Economic Powers Act, que autoriza al presidente a intervenir en casos de emergencia nacional relacionados con amenazas a la seguridad o a la economía del país.

Trump calificó la decisión de “desafortunada”, pero no dio marcha atrás, manteniendo los aranceles que no están sujetos al veto del Tribunal y, de hecho, confirmando otros nuevos, que entraron en vigor el 24 de febrero. Los próximos desarrollos no están claros. Sin embargo, lo cierto es que el pulso entre los jueces y la Casa Blanca sitúa a Estados Unidos (y no solo) en un limbo normativo que podría condicionar la actividad económica.

¿Dimisión anticipada de Lagarde?

La información la ha publicado el Financial Times: la presidenta del BCE, Christine Lagarde, podría dejar su cargo antes de la expiración natural de su mandato, fijada para octubre de 2027. El motivo, según explicó el diario, no estaría relacionado con cuestiones internas, sino que encontraría explicación en una lectura política sobre el futuro del Banco Central Europeo.

Si el Rassemblement National de Marine Le Pen ganara las próximas elecciones presidenciales, en abril de 2027, la derecha antieuro tendría un gran poder sobre el nombramiento del próximo presidente del BCE, condicionando sus políticas en un momento muy delicado. La retirada anticipada de Lagarde permitiría, en cambio, designar a su sucesor cuando todavía estén al frente de las dos principales economías de la Unión dos moderados: Macron en Francia y Merz en Alemania. Según una declaración recogida por la ANSA y procedente de Fráncfort, “la presidenta Lagarde está completamente centrada en su misión y no ha tomado ninguna decisión respecto al final de su mandato”. No es una confirmación, pero tampoco una negación.

Alemania busca equilibrio en China

El canciller alemán Friedrich Merz ha viajado a China para reunirse con el primer ministro chino Li Qiang. El objetivo es claro: reforzar las relaciones entre ambos países. Pekín se ha convertido en el principal socio comercial de Alemania. Un vínculo que Berlín pretende fortalecer aún más, buscando, según explicó Merz, establecer una “cooperación mejor y más justa”.

En otras palabras: por un lado, China quiere presentarse como un socio fiable, subrayando las oportunidades que el mercado interno puede ofrecer a los productores europeos; por otro, Alemania quiere asegurarse alternativas más estables frente a la volatilidad de Trump, sin ceder al poder de Pekín, frente al cual se registra un déficit comercial cada vez más acusado.

IA, los temores de burbuja no frenan las inversiones

Siguen siendo fuertes los temores de una burbuja, o al menos de una corrección, vinculada a la Inteligencia Artificial. Preocupa, en particular, el peso que la carrera por la IA podría tener en los balances de las grandes empresas tecnológicas.

Sin embargo, las inversiones no se detienen. Meta, la empresa propietaria de Facebook e Instagram, ha cerrado una operación de 100.000 millones de dólares que prevé un gigantesco pedido de compra de chips a Advanced Micro Devices (AMD) y la posibilidad de adquirir una participación en la empresa. Es el enésimo movimiento que, según The Guardian, debería llevar el gasto de las empresas estadounidenses en activos para IA a 660.000 millones de dólares solo en 2026. El objetivo principal es diversificar el suministro de chips, reduciendo la dependencia de Nvidia y amortiguando el riesgo de posibles cuellos de botella.