Desde hace unas décadas, el interés y el seguimiento por la sostenibilidad se ha consolidado en la sociedad y en los sectores que componen nuestro tejido empresarial y económico a nivel mundial. Y aunque la realidad de los diferentes países y continentes puede variar, la firma de tratados internacionales clave como el Acuerdo de París de 2015 (COP21) o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, entre otros, remarcan que el respeto por valores verdes, sociales y de gobernanza forman ya parte del devenir mundial.
Esta ‘ola verde’ o movimiento en favor de la sostenibilidad se impulsa, en mayor o menor medida, desde los poderes públicos, los grupos sociales y de consumo, así como desde las propias compañías, que basan sus estrategias empresariales, por ejemplo, en reducir sus emisiones de CO2 y adoptar hábitos sostenibles.
Sin embargo, en este creciente interés por cumplir con unos criterios razonables de desarrollo sostenible, las buenas prácticas no son las únicas que han ganado terreno. En este contexto, y ante el interés de la sociedad y de los consumidores en optar por productos y servicios más sostenibles, algunas empresas o grupos han promovido una imagen de conciencia ecológica sin realmente llevar a cabo ninguna práctica que la respalde, lo que se conoce como greenwashing.
La ‘ola verde’ en el mundo financiero: entradas y salidas de capital
Como no podía ser de otra manera, este interés por la sostenibilidad también se ha producido y ha impactado en el sector de los fondos de inversión. Y aunque la época dorada de los vehículos de inversión bajo criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) se produjo fundamentalmente entre los años 2018 y 2021, lo cierto es que, pese a las salidas de capital que han registrado estos fondos en los últimos años, el universo mundial de estos vehículos ha mantenido su elevado nivel de activos, con 3,16 billones de dólares a finales de marzo de 2025, según datos de Morningstar.
Eso sí, esta cifra, aunque elevada, supone un descenso en comparación con periodos anteriores y un cambio radical en este mercado, con reembolsos netos por valor de 8.600 millones de dólares hasta marzo. De hecho, tal y como explican desde Morningstar, “el retroceso se produjo en casi todas las grandes regiones, encabezadas por EE.UU. y Europa, que en conjunto representaron la mayor parte de los reembolsos mundiales”. Estas salidas de capital se han producido por factores como los reembolsos en Europa, el entorno geopolítico cada vez más complejo e incierto y la agenda menos orientada a la acción climática por parte del gobierno de Donald Trump, entre otros.
El greenwashing en la inversión sostenible
En este contexto de interés evidente por los fondos abiertos y ETFs centrados en la sostenibilidad, el impacto o los factores medioambientales, sociales y de gobernanza, no es de extrañar que, al igual que en otros ámbitos, se hayan producido malas prácticas y casos de ecoblanqueo en el sector financiero.
Tal y como explicaba Rocío Jaureguízar, Senior Sales Manager & ESG Specialist en Pictet AM Iberia & Latam, “a medida que aumentaban los activos sostenibles, ha aumentado también el temor por el uso de las malas prácticas” y explica que el greenwashing o ecoblanqueo en los fondos de inversión se produce “cuando se transmite al inversor que un fondo es más sostenible de lo que realmente es”.
Pero, ¿por qué y cómo se produce el ‘fraude verde’ en los fondos de inversión? El problema radica, tal y como señalan desde RankiaPro, en que no existe una definición universal o estandarizada de lo que hace que un fondo sea "sostenible" o "responsable", lo que genera confusión entre los inversores y abre la puerta al greenwashing. “Ante la falta de estándares claros y coherentes, los inversores pueden tener dificultades para evaluar la sostenibilidad real de un fondo y pueden ser más susceptibles al greenwashing”, comenta el medio.
El ecoblanqueo puede darse en forma de campañas de marketing basadas en datos ambientales no respaldados por terceros y mediante un lenguaje incierto y engañoso, así como, por ejemplo, con el uso de etiquetas y certificaciones falsas o incluso indicaciones vagas del producto a comercializar. La European Securities and Markets Authority (ESMA) destaca en su informe ‘Progress Report on Greenwashing’ que algunos de los factores que contribuyen a incrementar el ecoblanqueo en el ámbito de los fondos de inversión son los procesos internos de las compañías, la falta de datos comparables y el acceso limitado a cifras sostenibles y de alta calidad. El organismo europeo también hace hincapié en cómo el marco regulatorio, complejo y en constante evolución, también complica la situación.
Rocío Jaureguízar resaltaba en este sentido que el sector tiene todavía un largo camino por recorrer, lleno de incertidumbres e intangibles. “Tenemos estándares en constante evolución, un gran problema de falta de datos, mala calidad de datos de los que sí disponemos y cierto cortoplacismo que tampoco ayuda”. Además, insiste en que el greenwashing puede venir desde distintos ángulos: “Por un lado, puede ser la diferencia entre lo que se dice, que se hace y lo que finalmente se hace, pero también puede ser consecuencia de una falta de entendimiento, del público o de los medios, de lo que los gestores de activos tratamos de hacer. Y es ahí donde, tanto los distribuidores como las gestoras de activos tenemos un gran reto en lo referente a la divulgación y a la formación. Finalmente, también puede surgir desde la expectativa de que el reporte ASG sea igual de tangible que el reporte financiero, y esto es algo que no es posible a día de hoy, por falta de datos, pero también porque es algo, por su propia naturaleza, mucho más intangible que cualquier reporte financiero”.
¿Cómo luchar contra el ‘fraude verde’? Regulación, claves y herramientas
Ante ese entorno creciente y cambiante relativo a los fondos sostenibles, desde ESMA resaltan en su informe que algunas de las posibles soluciones a esos factores de riesgo del greenwashing son:
- Reforzar el marco normativo aclarando qué se considera, y qué no, un vehículo de inversión sostenible, así como ampliar la normativa para proporcionar más seguridad al ámbito de las finanzas sostenibles.
¿Qué normativas existen en la actualidad para hacer frente al 'greenwashing'?
Aunque a nivel global podemos mencionar los Principios de Inversión Responsable (PRI) de la ONU, que son voluntarios, aspiracionales y promueven los criterios ASG en el sector inversor, lo cierto es que Europa es el continente que mayor regulación ha promovido para luchar contra el greenwashing.
En el viejo continente destaca el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR por sus siglas en inglés). Entró en vigor en 2021 y obliga a las gestoras de fondos a revelar cómo integran los factores ASG en sus procesos de inversión, clasificando sus fondos en Artículo 6 (sin objetivos ASG), Artículo 8 (que promueven características ambientales o sociales) y Artículo 9 (con un claro objetivo sostenible). También encontramos en este listado el Reglamento de Taxonomía de la UE, que busca reorientar los flujos de capital hacia inversiones sostenibles, gestionar riesgos financieros derivados de problemas climáticos y sociales y fomentar la transparencia y las perspectivas a largo plazo de la actividad financiera y económica. Otra de las regulaciones fundamentales es la Directiva de Mercados de Instrumentos Financieros II (MiFID II), que obliga, entre otras cosas, a clasificar los productos financieros de acuerdo con criterios ASG y que mejora la transparencia y la supervisión de los mercados financieros.
“Por un lado tenemos a los inversores que demandan estrategias realmente sostenibles, de calidad, eficaces. Por otro lado, los reguladores están intentando hacer todo lo posible para desarrollar unos estándares ASG solventes, de confianza”, comenta Rocío Jaureguízar.
- Modernizar la gobernanza, los procesos, las competencias y los sistemas informáticos de las empresas. ESMA explica que los diferentes players del sector necesitan poner al día los procesos para “estar a la altura de los retos que plantea la transición hacia la sostenibilidad” y que es necesario que dispongan de los recursos y los conocimientos internos para “evaluar y verificar que los datos ASG externos están actualizados y son fiables y suficientemente sólidos”.
- Establecer datos fiables y exhaustivos sobre sostenibilidad. Para la autoridad financiera europea es clave llevar a cabo la estandarización de los datos ASG, la mejor divulgación corporativa y el desarrollo de fuentes públicas de datos.
- Hacer llegar la información de fondos sostenibles de forma clara, sencilla y comprensible a los inversores minoristas. ESMA propone mejorar la manera en que se presenta la información ASG, incluyendo un lenguaje claro y mediante formatos sencillos para la mejor comprensión de la realidad de los fondos verdes por parte de los inversores minoristas.
Muy comprometidos con la sostenibilidad
Desde Pictet Asset Management, en palabras de Rocío Jaureguízar, “creemos que es parte de nuestro deber fiduciario identificar cualquier factor que pueda tener un impacto tangible o material en el precio de los activos, y esto va a incluir factores medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo”, y comenta cómo desde la gestora incluimos el análisis de estos factores no financieros en nuestros procesos de inversión:
Si queremos evitar el ecoblanqueo en la industria de los fondos de inversión, va a ser esencial que haya transparencia, un buen trabajo de divulgación, una mayor formación y una buena regulación.
En Pictet Asset Management llevamos a cabo un diálogo activo con las empresas en las que invertimos sobre las métricas ASG, participamos en grandes iniciativas ambientales globales y hemos construido un gran equipo de especialistas en ASG, con procesos propios de evaluación para evitar el greenwashing. Puedes leer más información sobre nuestra forma de inversión responsable en nuestro informe, con el que reforzamos nuestro liderazgo en este ámbito.