El hasta ahora perenne nevado y helado Ártico ha comenzado su verano particular. Los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera están acelerando el deshielo de la región más septentrional del mundo. Tanto es así que el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Colorado destaca que las temperaturas del aire de diciembre de 2024 han estado por encima de la media en todo el Océano Ártico, y que la extensión media de hielo marítimo en la región registrada por satélite fue la más baja de la historia. “Incluido el año 2024, la tendencia lineal descendente en la extensión del hielo marino del Ártico para diciembre es de 44.000 kilómetros cuadrados al año, o 3,4 % por década, en relación con el promedio de 1981 a 2010. Según la tendencia lineal, desde 1979, diciembre ha perdido 1,98 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino, lo que equivale a tres veces el tamaño de Texas”, insisten los expertos del centro.
De hecho, el fin del hielo en el Ártico podría estar mucho más cerca de lo que pensamos. Tal y como destacan desde National Geographic, un reciente estudio internacional de la Universidad de Gotemburgo indica que el primer verano sin hielo marino en el Ártico podría ocurrir entre 2027 y 2030, provocando “repercusiones devastadoras en los ecosistemas locales, las comunidades indígenas y el clima global”.
Consecuencias del deshielo del Ártico
Tal y como explica la ONU, el deshielo generalizado de los glaciares tienen consecuencias ambientales, económicas y geopolíticas muy preocupantes para el planeta Tierra y las personas y animales que habitamos en él.
- Acelera el cambio climático. Si nos referimos en concreto a la región del Ártico, tal y como resaltan desde la organización no gubernamental World Wildlife Fund (WWF), su deshielo contribuye a su vez a acelerar el temido cambio climático. Esto es debido a que el hielo y el suelo congelado, el denominado permafrost, almacena grandes cantidades de metano, un gas que se libera cuando se descongelan estas masas con un efecto muy superior al co2 en términos de efecto invernadero, aumentando así la tasa de calentamiento global. Ese desequilibrio, además de provocar olas de calor más intensas en el mundo, desencadena inviernos más extremos debido a que el viento de alta presión que rodea el Ártico se desestabiliza por la presencia de aire cálido y, en consecuencia, su chorro frío desciende hacia el sur.
- Eleva el nivel del mar. Este derretimiento también tiene consecuencias muy negativas para las comunidades costeras. El deshielo del Ártico está generando un aumento del nivel del mar, entre 17 y 20 cm desde 1990, lo que supone que, además de generar marejadas ciclónicas, también hace peligrar ciudades costeras y pequeñas islas. De hecho, tal y como señala WWF, el derretimiento de la capa de hielo de la isla más grande de la región, Groenlandia, ayuda a predecir el aumento del nivel del mar. “Si se derrite por completo, el nivel global del mar podría subir 6 cm”, indican los expertos.
- Afecta a la cadena alimentaria. Otras de las consecuencias claves del deshielo del Ártico son los daños a los cultivos de diversas regiones del mundo. Las olas de calor y de frío extremas afectan a los sistemas alimentarios del mundo, provocando también complicaciones en las cadenas de suministro, inflación alimentaria y, entre otras muchas cosas, dificultades en el acceso a diversos productos de algunas regiones del planeta.
- Peligro de ecosistema y biodiversidad. La vida silvestre y animal que depende del hielo Ártico para sobrevivir también sufre este fenómeno derivado del calentamiento global. “Acarrea problemas para los osos polares, las morsas, los zorros árticos, los búhos de las nieves, los renos y muchas otras especies, incluyendo los humanos. La vida silvestre y las personas entran en contacto con más frecuencia, y a menudo en conflicto, conforme la vida silvestre se traslada a zonas del Ártico en busca de refugio”, comentan desde la agrupación.
- Tensiones e intereses geopolíticos. La búsqueda de recursos energéticos en la zona y la apertura de nuevas rutas de transporte tiene ya algunas implicaciones geopolíticas. Prueba de ello es, por ejemplo, el interés de Donald Trump por la isla de Groenlandia.
Pero, ¿surgen oportunidades con el deshielo del Ártico?
Este panorama climático, aunque trae consigo dificultades y retos muy alarmantes, también podría generar oportunidades. La “nueva” reconfiguración global implica coyunturas a las que debemos estar atentos.
“El cambio climático abre todo un mundo de oportunidades, riesgos e intereses capaces de llegar a generar tensiones”, destaca Elena Conde, profesora de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco del reciente encuentro 'El Ártico: oportunidades y riesgos derivados del cambio climático' organizado por la Fundación Ramón Areces, que añade: “ante la ausencia de un marco jurídico regional y específico, cada posibilidad de desarrollo o uso de la región tiene consecuencias imprevisibles”.
Pero ¿cuáles son las oportunidades más destacadas ante el paulatino deshielo de la masa glacial ártica?
- Apertura de nuevas rutas oceánicas. El deshielo total o parcial de la gran masa glaciar septentrional abre nuevos itinerarios comerciales de transporte marítimo. Según publica Europa Press, un estudio de la Universidad de Brown, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, concluye que las nuevas rutas reducirían la huella de carbono del sector naviero y debilitarían el control de Rusia sobre las actuales, ya que evitarían el actual itinerario controlado por el Kremlin, que lo somete a estrictos controles de navegación. “No hay ningún escenario en el que el derretimiento del hielo en el Ártico sea una buena noticia, pero la desafortunada realidad es que el hielo está retrocediendo, estas rutas se están abriendo, y tenemos que empezar a pensar críticamente en las implicaciones legales, medioambientales y geopolíticas”, matiza la autora principal del estudio y profesora de ciencias de la Tierra, ambientales y planetarias, Amanda Lynch, que precisa además que diversos estudios han demostrado que las rutas del Ártico son entre un 30% y un 50% más cortas que las del Canal de Suez y el Canal de Panamá, con una reducción de tiempo de tránsito estimado de entre 14 y 20 días. Por su parte, Jordi Torrent, Director de Estrategia del Port de Barcelona, en PierNext, comenta que se espera que en 2030 las aguas del Ártico sean transitables durante dos meses al año y que en la década de 2040 aumentarán hasta los tres meses la posibilidad de navegarlas.
- Oportunidades para el comercio y el turismo. Muy relacionada con la apertura de esas nuevas rutas oceánicas encontramos retos y oportunidades para el comercio y el turismo. La reducción de tiempo y precios en el transporte podrían aliviar los costes de muchas compañías y generar bajadas de precios en sus productos, una medida que repercutiría positivamente en el consumidor final. Además, el hecho de poder navegar o acceder a determinadas regiones del Ártico, hasta ahora cubiertas de hielo, permitirá el incremento de actividades como cruceros y expediciones en la región, así como el desarrollo de comunidades locales. En este sentido, y mientras el Ártico permanezca helado, se está impulsando también la industria del turismo “de última oportunidad” en la región, es decir, tal y como explican desde el medio ABC, el afán de los turistas de visitar lugares antes de que se degraden.
- Explotación de recursos energéticos. Un punto clave que va a reconfigurar la geopolítica y el mundo en el que vivimos es la explotación de recursos energéticos en el Ártico a causa del deshielo. Según recoge el Instituto Internacional de estudios en Seguridad Global (INISEG), el Instituto Geológico de Estados Unidos calcula que bajo la masa de hielo de la región hay 90.000 millones de barriles de petróleo y 44.000 millones de gas natural, lo que corresponde al 13% y al 30% de las reservas mundiales de dichos recursos, respectivamente. Ante esta situación, no es de extrañar que muchos países y compañías se hayan interesado en el Ártico.
- Avances en la investigación científica. Aunque el deshielo del Ártico sea una problemática severa, lo cierto es que el fenómeno de derretimiento abriría la puerta a diversos estudios de flora y fauna en la región. Así lo destaca la revista Science, que pone de manifiesto que el deshielo abriría paso a investigaciones más precisas sobre cambio climático y su impacto en los ecosistemas. "Cuanto más investiguemos allí, más entenderemos y más rápidamente", dice Larry Mayer, geofísico marino de la Universidad de New Hampshire en Durham, mientras que Julie Brigham-Grette, geóloga de la Universidad de Massachusetts en Amherst habla de un “panorama mixto”: “Estamos descubriendo un entorno entero que, de otro modo, habría estado aislado de la influencia humana".
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