La crisis de identidad de la gestión activa
Durante muchos años, los fondos de inversión se han dividido en dos campos claros: los que replicaban el mercado, de gestión pasiva, y los que intentaban batirlo, de gestión activa. Sin embargo, la proliferación de fondos en las últimas décadas ha creado una zona gris problemática: fondos que se venden como activos y que cobran comisiones más altas, pero cuyas carteras apenas se desvían de los índices de referencia como el S&P 500 o el MSCI World.
Aquí es donde entra en juego el active share. Introducida originalmente por Martijn Cremers en 2009 y, posteriormente, por Antti Petajisto en 2013, esta métrica ha permitido a selectores de fondos e inversores particulares evaluar el valor real de un gestor.
¿Qué es exactamente el active share?
El active share es una cifra expresada en porcentaje (de 0% a 100%) que indica qué parte de las tenencias de un fondo no coincide con las del índice de referencia (benchmark).
- Un fondo con un active share del 0% es un fondo indexado puro y, por lo tanto, su cartera es idéntica al índice.
- Un fondo con un active share del 100% no comparte ninguna posición con su índice.
En términos generales, se considera que un fondo es activo cuando el active share supera el 60% o 70%. Por ejemplo, si un fondo tiene un 30% de active share, significa que el 70% de su cartera es idéntica al mercado. Para el inversor, esto supone una desventaja: está pagando comisiones más altas por una gestión que, en su mayor parte, podría obtener de forma más económica a través de un ETF.
El peligro del ‘closet indexing’
El término closet indexing describe la práctica de los gestores que, por miedo a desviarse demasiado del índice y sufrir periodos de bajo rendimiento relativo, o underperformance, mantienen una cartera muy similar al benchmark.
El problema es muy fácil de entender: si un fondo cobra un 1,5% de comisión, pero tiene un active share bajo, es prácticamente imposible que bata al mercado una vez descontados los costes de gestión. Esto se debe a que el coste del alfa es inversamente proporcional a la actividad del fondo: si solo el 20% de tu cartera es diferente al índice, ese 20% debe rendir extremadamente bien para compensar las comisiones que se aplican al 100% de la cartera.
El peligro del ‘closet indexing’
El término closet indexing describe la práctica de los gestores que, por miedo a desviarse demasiado del índice y sufrir periodos de bajo rendimiento relativo, o underperformance, mantienen una cartera muy similar al benchmark.
El problema es muy fácil de entender: si un fondo cobra un 1,5% de comisión, pero tiene un active share bajo, es prácticamente imposible que bata al mercado una vez descontados los costes de gestión. Esto se debe a que el coste del alfa es inversamente proporcional a la actividad del fondo: si solo el 20% de tu cartera es diferente al índice, ese 20% debe rendir extremadamente bien para compensar las comisiones que se aplican al 100% de la cartera.
Diferencias entre active share y tracking error
Es común confundir el active share con el tracking error, o error de seguimiento, pero miden cosas distintas:
- Active share: mide la diferencia en la composición de la cartera. Es una foto fija de lo que el gestor ha comprado frente al índice.
- Tracking Error: mide la volatilidad de la diferencia de rendimientos entre el fondo y el índice.
Un gestor puede tener un active share muy alto (una cartera muy distinta al índice de referencia) pero un tracking error bajo si sus asignaciones, aunque diferentes, se comportan de forma similar al mercado. Por el contrario, un gestor puede hacer asignaciones más similares al índice pero muy volátiles, resultando en un tracking error alto con un active share bajo. Para una selección de fondos consciente, lo ideal es combinar ambas métricas.
¿Es mejor tener un active share más alto?
No necesariamente. El active share es una medida de dispersión, no de habilidad. Un gestor puede diferenciarse del índice y estar equivocado en todas sus decisiones. Un alto porcentaje de actividad garantiza que el fondo tendrá un rendimiento muy distinto al del mercado, pero no garantiza que ese rendimiento sea superior.
Además, el universo de inversión influye en la ratio:
- En large caps, o grandes compañías, es más difícil tener un active share extremo porque el universo es más reducido. Es decir, hay un menor número de empresas entre las que elegir.
- En small caps y mercados emergentes es más natural encontrar niveles de active share del 90% debido al mayor número de activos fuera del índice.
Cómo utilizar el active share en la construcción de carteras
Para el inversor que busca una verdadera diversificación, el active share debe ser una herramienta de filtrado en su proceso de decisión:
- Identificar el valor por el que se paga
Antes de contratar un fondo, es recomendable revisar su ficha técnica o consultar plataformas de análisis. Si el fondo se autodenomina de gestión activa pero su active share es inferior al 50%, probablemente existan alternativas más eficientes o baratas. - Evitar la duplicidad de riesgos
A menudo, los inversores compran varios fondos de diferentes gestoras pensando que están diversificando, cuando en realidad están comprando tres fondos con un active share bajo que poseen las mismas megacaps. Al medir la actividad, podemos elegir fondos que realmente aporten algo distinto a nuestra cartera global. - El binomio rentabilidad/riesgo
Un active share elevado requiere paciencia. Los fondos con alta gestión de autor pueden pasar largos periodos desviados de la media del mercado. Es importante entender que, para obtener un rendimiento superior a largo plazo, hay que estar dispuesto a ir a contracorriente (y a veces parecer equivocado) a corto plazo.
El valor de una gestora de fondos
El valor diferencial de una gestora reside en la capacidad de aplicar un criterio propio e independiente. Sin embargo, para el inversor final, este valor solo se materializa plenamente cuando existe un asesor financiero capaz de analizar, contextualizar y seleccionar las mejores estrategias en función de sus objetivos, horizonte temporal y tolerancia al riesgo. El asesor cumple un papel clave al interpretar métricas como el active share, el tracking error o la coherencia del proceso de inversión, evitando caer en falsas gestiones activas y construyendo carteras equilibradas que combinen eficiencia, diversificación y potencial de alfa. En definitiva, la gestión activa solo tiene sentido si es realmente activa y si está bien integrada, a través del asesoramiento profesional, en una estrategia patrimonial coherente y de largo plazo.