Cuando hablamos de inversiones en el sector financiero, es muy difícil no toparse con instrumentos tan utilizados como los fondos. Entre éstos, hay que distinguir entre los fondos de gestión activa y los de gestión pasiva, en los que se puede invertir según la estrategia de cada uno. Además, sólo hablando de estrategia, hay que prestar especial atención a la selección de valores, una técnica que concierne al sector de los fondos activos. Veamos en qué consiste.
Fondos activos y pasivos
Se habla de fondos activos cuando, como su nombre indica, el gestor del fondo es una persona física que elige los activos, como acciones y bonos, que se mantendrán en la cartera. Existe, por tanto, la actividad de un especialista, o de un equipo de especialistas, cuyo objetivo es batir a un índice de referencia, por ejemplo el S&P500 o el NASDAQ en EE.UU., tratando de aportar a sus clientes mayores rentabilidades, o dicho de otra manera, generar alfa. En cambio, apostamos por los fondos pasivos, cuando el gestor replica un índice de referencia, sin necesidad de superarlo permanentemente.
Si nos fijamos en el informe SPIVA (S&P Indices Versus Active Funds), vemos que los fondos activos tuvieron grandes dificultades para batir a los índices de referencia. En 2023, nada menos que el 84% de los fondos de renta variable global en euros obtuvieron resultados inferiores a los del índice S&P World, y los fondos de renta variable españoles obtuvieron resultados aún peores, un 95% por debajo del índice de referencia. Los fondos de renta variable de los mercados emergentes y de los principales países europeos también obtuvieron un rendimientos inferiores al de los índices de referencia, que oscilaron entre el 66% y el 83% según el tipo. Sólo los fondos de renta variable del Reino Unido y Suiza obtuvieron buenos resultados, pero sólo la mitad de los fondos obtuvieron resultados superiores.
Qué es la selección de valores y cómo funciona
Como ya se ha dicho, una de las principales estrategias en la gestión activa es el stock picking, es decir, la selección de valores con una buena revalorización esperada. Esta modalidad la adoptan a menudo los gestores de fondos activos, que, tras seleccionar las clases de activos y las zonas geográficas de interés, se centran en valores concretos para elegir los más prometedores. Evidentemente, no es una ciencia exacta, entre otras cosas porque unos buenos márgenes requieren habilidades avanzadas.
Los gestores que utilizan esta técnica analizan diferentes factores, como el rendimiento financiero de la empresa, su posición en el mercado, las tendencias del sector y otros indicadores económicos, para identificar acciones que consideran subvaloradas o que tienen un alto potencial de crecimiento. Como decíamos al principio, el objetivo del stock picking es superar el rendimiento del mercado en general, aprovechando oportunidades específicas en acciones que se espera que tengan un buen desempeño. Esta estrategia requiere un análisis profundo y una comprensión sólida de los mercados y las empresas en las que se invierte.
Market timing y asignación de activos
Pero la selección de valores no consiste únicamente en analizar los mercados para elegir valores individuales con buenas perspectivas de crecimiento. Existen al menos otros dos elementos clave para hacerlo lo mejor posible: el market timing (o sincronización) y la asignación de activos (o asset allocation en inglés). A través de lo que se denomina análisis técnico, muchos gestores de fondos de gestión activa eligen el momento ideal para comprar (o vender) un valor concreto, tomando la decisión en función de diversas variables. Entrar en el mercado en el momento oportuno es crucial para una mayor probabilidad de ganancias futuras, mientras que equivocarse en el momento oportuno puede llevar a un rendimiento inferior a corto o medio plazo.
La asignación de activos, por su parte, es la elección estratégica de asignar un peso determinado a cada activo que se desea incluir en la cartera: por ejemplo, el gestor tiene que elegir si da a las acciones de empresas europeas un peso del 10%, 20%, 30% o 50% dentro de su cartera de 50.000 euros. Se trata de una decisión no trivial, porque hay muchas combinaciones potenciales de asignación de activos y hay que tener en cuenta hipótesis sobre el rendimiento de cada acción así como el concepto de diversificación.