La energía eléctrica es cada vez más importante en nuestra sociedad. Algunos factores como la sustitución de los combustibles fósiles por el transporte eléctrico, la expansión industrial, el mayor uso del aire acondicionado, así como el rápido crecimiento de la inteligencia artificial (IA) y los centros de datos, entre otros, provocan que la demanda de energía eléctrica aumente de forma significativa año tras año. De hecho, tal y como recoge el informe ‘Electricidad 2025’ de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo mundial de electricidad se incrementará cerca de un 4% hasta 2027, la tasa de crecimiento más rápida de los últimos años.
Y aunque la alta demanda energética es una clara tendencia global, las economías emergentes, capitaneadas por China, lideran este fenómeno. El informe de la IEA revela que desde el año 2020, el consumo eléctrico de la potencia asiática ha crecido más rápido que su economía y que, solo en el año 2024, su demanda se elevó en un 7%. De cara al futuro, la institución espera que el consumo eléctrico chino aumente un 6% de forma anual hasta 2027. Por su parte, las economías avanzadas también están mostrando una expansión cada vez mayor de la demanda de energía eléctrica. El estudio augura, por ejemplo, que en Estados Unidos se espera para 2027 un aumento del consumo de energía eléctrica equivalente al consumo actual de California.
Los expertos apuntan a las energías renovables y a la nuclear para satisfacer la demanda energética extra que se está generando.
¿Cómo satisfacer el aumento de la demanda? La composición de los sistemas energéticos
Este incremento de la demanda eléctrica trae consigo importantes retos para los sistemas energéticos del mundo, que deben hacer frente a esta realidad sin perder de vista los objetivos de desarrollo sostenible y de descarbonización. El director de Mercados Energéticos y Seguridad de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés), Keisuke Sadamori, destaca que este incremento de la demanda eléctrica también plantea desafíos para los gobiernos, “que deben garantizar un suministro seguro, asequible y sostenible”.
¿Qué sistemas energéticos pueden satisfacer entonces este aumento de la demanda energética? Aunque en la actualidad la realidad de cada país es diferente y el suministro energético mundial proviene de la combinación de fuentes de hidrocarburos (carbón, petróleo y gas), energía nuclear y renovables (hidráulica, biomasa y otras), lo cierto es que según la IEA se augura el crecimiento de las fuentes de electricidad con bajas emisiones, principalmente renovables y nuclear, para cubrir la demanda mundial adicional, al menos hasta 2027.
¿Qué papel juega la energía nuclear en este contexto? Características, expansión y futuro
Ante la necesidad de fuentes energéticas estables y limpias que satisfagan las nuevas necesidades de energía eléctrica mundiales, muchos expertos miran hacia la energía nuclear como una posible solución a los problemas de abastecimiento energético. Según el estudio de la IEA, la generación de energía nuclear alcanzará un nuevo máximo en 2025 y seguirá marcando récords hasta 2027.
Según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a finales del año 2023 ya operaban en el mundo un total de 413 reactores nucleares repartidos en 31 países y se consideran responsables del 10% del total de la energía eléctrica generada. Tal y como destaca la institución, a esta cifra habría que sumarle otras 59 nuevas plantas nucleares en 17 países que están en fase de construcción y desarrollo.
“El fuerte crecimiento se verá impulsado por la recuperación de la producción nuclear francesa, la reanudación de la actividad en Japón y la entrada en funcionamiento de nuevos reactores en China, India, Corea y otros países”, indica el texto de la IEA, para precisar que “la tendencia de crecimiento de la generación nuclear refleja también la fuerte recuperación de esta tecnología en los círculos políticos, lo que pone de relieve su importancia como columna vertebral estable de los sistemas energéticos de bajas emisiones para un número creciente de países”.
El funcionamiento de la energía nuclear se basa en la fisión nuclear, es decir, en la energía que se libera cuando el núcleo de un átomo pesado de uranio o plutonio se divide en dos o más núcleos más ligeros.
A diferencia de lo que sucede con otro tipo de generación de energía limpia como la solar, la hidráulica o la eólica, la nuclear no goza de un beneplácito prácticamente unánime. La energía nuclear tiene seguidores y detractores ya que, a pesar de las bajas emisiones de carbono que genera y su eficiencia en la producción de electricidad, los críticos se centran en los riesgos de seguridad pública que entraña su generación, los accidentes nucleares que puede provocar, así como la complicada gestión de los residuos radiactivos, además de los dilatados tiempos y elevados costes de la construcción de centrales.
Sin embargo, a pesar de las voces discordantes, parte del discurso político en determinadas regiones se ha posicionado a favor de reforzar la energía nuclear, con el objetivo de recortar las emisiones de CO2 que instan los tratados internacionales y producir más electricidad para satisfacer la alta demanda.
En esta nueva era del “renacer” de la energía nuclear, tal y como explica la BBC, entran en juego determinados factores:
- La llegada de los reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés). Son un tipo de reactor nuclear de tamaño reducido, con una capacidad energética mucho menor que los reactores convencionales, pero que generan menores costes. Pueden ubicarse en lugares remotos, pueden fabricarse en masa y son más asequibles.
- Evitar la dependencia energética. Otro de los factores que impulsan a determinados países o regiones a apostar por la energía nuclear es la necesidad de reducir la dependencia energética de los principales proveedores de petróleo y gas. Tener una infraestructura nuclear permite a algunos países generar energía barata y estable dentro de sus fronteras.
- Mayores medidas de seguridad. La tecnología que rodea a las centrales nucleares ha ido evolucionando estos últimos años, sobre todo desde el accidente de Fukushima (Japón) en 2011. Así, y aunque la gestión de residuos continúa siendo un tema polémico, en la actualidad las centrales nucleares usan las llamadas medidas de seguridad pasivas, es decir, operaciones por las cuales las centrales están programadas para apagarse si algo sale mal, utilizando principios como la gravedad o la termodinámica. El objetivo de estas medidas es proporcionar un seguro contra accidentes de gran magnitud y de elevados costes ambientales, humanos y económicos.
En definitiva, la energía nuclear, junto con las renovables, está llamada a desempeñar un papel clave en la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles y estables, siempre que se gestionen adecuadamente sus riesgos y desafíos.
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