¿Qué son los derivados financieros y qué tipos existen?

Guía de finanzas 3 min. de lectura
En el mundo de las finanzas, los derivados juegan un papel crucial al permitir a los inversores, empresas y traders gestionar riesgos y cubrir sus carteras, pero también especular sobre precios futuros. Estos complejos instrumentos financieros ofrecen oportunidades para maximizar rendimientos y protegerse de las fluctuaciones en los mercados.

Además de las operaciones tradicionales, como la compra y venta de acciones y bonos, existen instrumentos financieros más complejos que permiten a los inversores protegerse de cambios o riesgos del mercado, así como especular para intentar ampliar sus ganancias. Los derivados financieros son una de estas herramientas, y su principal utilidad radica en la capacidad de ofrecer flexibilidad y cobertura ante la incertidumbre de los mercados. En este artículo, explicamos qué son, cómo funcionan y los tipos más comunes que existen.

¿Qué son los derivados financieros?

Un derivado financiero es un contrato cuyo valor se basa en el precio de un activo, al que se denomina activo subyacente, que puede ser, entre otros, una acción, un bono, una materia prima, un índice bursátil, un tipo de interés o una moneda. El derivado no tiene un valor intrínseco propio, sino que este se mueve en función de las variaciones del precio del activo subyacente, es decir, su valor deriva de este último.

Las partes acuerdan comprar o vender el activo subyacente a un precio determinado, pero el intercambio no ocurre de inmediato, sino que sucede en una fecha futura o cuando se cumplan unas condiciones específicas. Los derivados financieros pueden ser utilizados para diversas finalidades dentro del mundo de las finanzas:

  • Cobertura de riesgos, porque protegen contra cambios adversos en los precios de los activos subyacentes. Por ejemplo, un productor de petróleo puede usar contratos de futuros para asegurarse un precio fijo y evitar verse perjudicado por la caída de la cotización del barril.
  • Especulación, porque los inversores pueden usar derivados para ganar dinero con los movimientos de los precios de los activos, ya sea al alza o a la baja, sin necesidad de poseerlos directamente.
  • Apalancamiento, porque algunos derivados permiten a los inversores obtener exposición a un activo con una inversión inicial pequeña, lo que implica la posibilidad de amplificar las ganancias, pero también el riesgo de pérdidas.

¿Cómo se opera con derivados financieros?

Los derivados financieros se pueden negociar en bolsa (ETD) o fuera de ella (OTC):

  • Exchange Traded Derivatives (ETD): son acuerdos que cuentan con términos contractuales bastante estandarizados y que se negocian en un mercado de valores de acuerdo a la regulación del mercado y a las autoridades competentes.
  • Over The Counter (OTC): estos tipos de derivados se negocian con contratos hechos a medida entre las dos partes sin la supervisión de un regulador bursátil. Es un mercado más flexible, pero menos líquido.

Algunos productos derivados tienen bolsas propias, como el Mercado Oficial de Opciones Y Futuros Financieros en España (MEFF), donde se negocian las opciones y los contratos de futuros. Fuera de nuestras fronteras, los tres mercados de derivados más importantes del mundo son el Eurex, la bolsa de Nueva York y el CME (Chicago Mercantile Exchange).

Tipos de derivados financieros

Existen millones de productos que se catalogan como derivados y cada uno tiene características particulares que los hacen adecuados para diferentes estrategias de inversión. Los más comunes son:

1. Contratos de futuros y contratos a plazos (forward).

Los futuros son contratos estándar que obligan a las partes a comprar o vender un activo subyacente en una fecha futura predeterminada, a un precio acordado. Estos contratos están estandarizados y se negocian en bolsa.

Los contratos a plazos, o forward, son similares a los contratos de futuros pero creados Over the Counter (OTC), por lo que las condiciones son negociadas por las partes implicadas.

Ambos tipos se utilizan principalmente para cobertura o especulación.

  • Cobertura: por ejemplo, un agricultor que espera una cosecha futura puede vender contratos de futuros sobre el precio de su producto, asegurándose un valor determinado y, de esta manera, se protege de una posible caída de los precios.
  • Especulación: los inversores pueden comprar futuros si creen que el precio de un activo variará y así aprovechar la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta. Es decir, buscan obtener ganancias prediciendo cómo van a cambiar los precios.

2. Opciones y warrants

Las opciones son contratos que otorgan a su titular el derecho, , de comprar o vender un activo subyacente a un precio específico en una fecha futura predeterminada. Existen dos tipos de opciones:

  • Opciones de compra (Call): otorgan el derecho de comprar el activo subyacente.
  • Opciones de venta (Put): otorgan el derecho de vender el activo subyacente.

Las opciones permiten a los inversores especular sobre los movimientos de precios sin tener que adquirir el activo directamente. El valor de la opción está influido por diversos factores, como el precio del activo subyacente, el tiempo restante hasta la fecha de vencimiento, y la volatilidad del mercado.

Los warrants son similares a las opciones, pero el contrato se realiza entre inversores y una institución financiera y, además, su fecha de vencimiento admite mayor flexibilidad.

3. Contratos por Diferencia (CFDs, por sus siglas en inglés)

Los CFDs son un tipo de derivado que permite a los inversores especular sobre el precio de los activos sin poseerlos físicamente. En lugar de comprar o vender el activo, el inversor realiza un contrato con una contraparte para intercambiar la diferencia entre el precio de apertura y el precio de cierre del valor subyacente. Los CFDs no son estandarizados y se negocian en la plataforma de la entidad que los emite.

4. Permutas financieras o swaps

Los swaps son contratos negociados fuera del mercado bursátil en los que dos partes acuerdan intercambiar flujos de efectivo en fechas futuras, basados en diferentes instrumentos financieros, como tasas de interés, divisas o índices. Los swaps los utilizan las instituciones financieras y las grandes corporaciones para gestionar riesgos financieros. Los tipos más comunes son:

  • Swaps de tasas de interés: en estos contratos, las partes intercambian pagos de intereses fijos por pagos de intereses variables, o viceversa. Se utilizan para gestionar la exposición a las fluctuaciones en las tasas de interés.
  • Swaps de tipos de cambio: permiten a las empresas o inversores intercambiar pagos en una moneda por pagos en otra, protegiéndose del riesgo de fluctuaciones en los tipos de cambio.
  • Swaps de materias primas: en estos contratos de intercambio, se usa como referencia una materia prima. Los de petróleo y los de productos agrícolas son los más comunes.

Riesgos asociados con los derivados financieros

Si bien los derivados ofrecen muchas oportunidades, también implican riesgos significativos, especialmente si no se comprenden bien o se usan de forma incorrecta:

  • Riesgo de contraparte: en los contratos no estandarizados, como los forwards o los swaps, existe el riesgo de que una de las partes no cumpla con su obligación.
  • Riesgo de apalancamiento: el uso de derivados puede implicar apalancamiento, lo que significa que las pérdidas pueden ser mayores que la inversión inicial.
  • Riesgo de mercado: los derivados están sujetos a las fluctuaciones del mercado, lo que puede generar pérdidas si el valor del activo subyacente se mueve en la dirección opuesta a la esperada.

Los derivados financieros son herramientas poderosas que permiten a los inversores gestionar riesgos, especular sobre precios futuros y obtener exposición a una variedad de activos sin necesidad de poseerlos directamente. Además, pueden ser una parte esencial de una estrategia financiera bien diversificada, ya sea para operaciones de cobertura o para aprovechar oportunidades de inversión. Sin embargo, debido a su complejidad y los riesgos involucrados, es crucial entender cómo funcionan y utilizarlos de manera responsable o confiar su gestión a un experto.