En términos sencillos, es el efecto que las variaciones entre dos monedas pueden tener sobre el valor de una inversión. Ese impacto puede ser positivo o negativo y, por tanto, influir de forma significativa en la rentabilidad final.
Por eso, al igual que tenemos en cuenta factores como las comisiones o la fiscalidad, conviene comprender cómo puede afectar el tipo de cambio a nuestras inversiones.
¿Por qué existe el riesgo de tipo de cambio?
Las divisas son activos que cotizan y fluctúan constantemente. Su valor cambia en función de múltiples factores, como la evolución de la economía, las decisiones de los bancos centrales, la inflación o la oferta y la demanda.
Cuando una inversión requiere convertir una moneda en otra, el resultado final dependerá no solo de la evolución del activo, sino también de la relación entre ambas divisas.
Si un inversor europeo compra acciones de una empresa estadounidense, por ejemplo, estará asumiendo tanto el riesgo asociado a la compañía como el derivado de la evolución del dólar frente al euro.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos que reservamos un hotel en Nueva York para dentro de tres meses. El precio es de 1.000 dólares.
Hoy podemos pagar la reserva, lo que supondría unos 850 euros al tipo de cambio actual, o esperar a pagar cuando lleguemos al hotel. Decidimos esperar.
Durante esos tres meses, el dólar se fortalece frente al euro y ambas divisas alcanzan la paridad. Cuando llega el momento de pagar, los mismos 1.000 dólares equivalen ahora a 1.000 euros.
Aunque el precio del hotel no ha cambiado, el coste para nosotros sí. La diferencia se debe únicamente a la evolución del tipo de cambio.
¿Cómo afecta a las inversiones?
El mismo principio se aplica a las inversiones.
Supongamos que un inversor con su patrimonio en euros compra acciones estadounidenses. Después de un año, las acciones han subido un 10%. A primera vista, parece una buena inversión.
Sin embargo, si durante ese mismo periodo el dólar se ha depreciado frente al euro, parte de esa ganancia podría reducirse o incluso desaparecer al convertir el dinero de nuevo a euros.
En otras palabras, la rentabilidad final dependerá de dos variables: la evolución de la inversión y la evolución de la divisa.
Lo mismo ocurre con los bonos emitidos en moneda extranjera. Aunque el inversor reciba los cupones previstos, una depreciación de la divisa puede reducir el rendimiento obtenido en su moneda de referencia.
Un riesgo... y también una oportunidad
El riesgo de tipo de cambio no siempre juega en contra del inversor.
Siguiendo con el ejemplo del hotel, si el euro se hubiera apreciado frente al dólar, el coste de la estancia habría sido inferior al previsto inicialmente. En las inversiones sucede exactamente lo mismo: una evolución favorable de la divisa puede aumentar la rentabilidad obtenida.
Por este motivo, la exposición a distintas monedas puede aportar diversificación, aunque también incrementa la volatilidad de la cartera.
¿Se puede reducir este riesgo?
Sí. Existen diferentes herramientas para limitar o neutralizar el impacto de las fluctuaciones de las divisas.
Algunos fondos de inversión y ETF cuentan con versiones cubiertas (hedged), diseñadas para minimizar el efecto de los movimientos del tipo de cambio. También existen instrumentos financieros específicos que permiten proteger una cartera frente a las variaciones de una moneda.
La decisión de cubrir o no este riesgo dependerá de los objetivos del inversor, de su horizonte temporal y del papel que quiera que desempeñen las divisas dentro de su estrategia de inversión.
Cuando invertimos en una moneda distinta a la nuestra, la rentabilidad no depende únicamente del activo elegido. La evolución de la divisa también puede marcar la diferencia. Entender cómo funciona el riesgo de tipo de cambio es fundamental para tomar decisiones informadas y evitar sorpresas en el resultado final de una inversión.