Los ETFs son un producto de inversión híbrido entre un fondo de inversión y una acción. Es decir, igual que un fondo, funciona como un vehículo que engloba una cesta de activos (acciones, bonos, etc.), pero ofrece la liquidez y la flexibilidad propias de las acciones, ya que pueden comprarse y venderse de manera continua en bolsa.
Se trata de un producto que está ganando cada vez más protagonismo entre los inversores. De hecho, su crecimiento a nivel global está siendo exponencial: en abril de 2026, estos productos alcanzaron un récord de casi 21,9 billones de dólares y, en Europa, el fuerte crecimiento de estos productos ha hecho también que alcancen cifras nunca vistas de 3,8 billones de USD, según la consultora independiente ETFGI (ver gráfico).
La principal particularidad de los ETFs es que se negocian como acciones en bolsa, es decir, se pueden comprar y vender con liquidez intradía, al contrario que los fondos de inversión, que marcan precio (ventanas de entrada y salida) una vez al día, según la liquidez de cada uno.
Históricamente, los ETFs se han percibido y utilizado como instrumentos de gestión pasiva, es decir, productos que replican la composición de un índice y que, por lo tanto, tienen menores costes asociados que los fondos de inversión de gestión activa. En otras palabras, su principal ventaja, además de la liquidez, han sido siempre las bajas comisiones. Pero en los últimos años ha surgido una nueva variante de estos productos: con la carcasa de un ETF, pero la gestión activa típica de un fondo de inversión. Se trata de los ETFs activos.
En su formato original, de vehículo de gestión pasiva, un ETF del S&P 500, por ejemplo, replicará la composición exacta del índice (las mismas compañías) y con los mismos pesos que tienen en el indicador de referencia. Es decir, si la tecnología ‘pesa’ en el índice en torno a un 40%, el inversor que compre este ETF estará expuesto al sector en la misma proporción. Un ETF sobre el Ibex 35, por ejemplo, dejará fuera a todas las empresas españolas que, aunque coticen, no pertenezcan a las 35 principales del país.
En el caso de España destaca otra diferencia fundamental a tener en cuenta entre los ETFs y los fondos de inversión tradicionales: la fiscalidad. Así, en nuestro país los fondos de inversión ofrecen al inversor la ventaja fiscal de poder traspasar su ahorro entre fondos cuantas veces desee sin tributar. Únicamente lo hará en el momento enque rescate su inversión. En el caso de los ETFs no existe esta posibilidad, siendo la fiscalidad la misma que la de las acciones. En caso de vender un ETF para comprar otro, el inversor tendrá que tributar por las plusvalías generadas (o registrar las minusvalías en caso de pérdida).
Qué son los ETFs activos
Además de los ETFs tradicionales, aquellos que replican a los índices, en los últimos años ha surgido un nuevo tipo de vehículo que trata de aunar lo mejor de los dos mundos (fondos y ETFs). Se trata de los ETFs activos que, defendiendo comisiones bajas, apuestan por una gestión activa en cuanto a sus componentes y ofrecen liquidez intradía.
Su crecimiento también está alcanzando cifras récord: más de un 20% en los primeros cuatro meses de 2026, hasta alcanzar los 2,3 billones de dólares a nivel global. El síntoma del apetito por estos productos se refleja en los 73 meses consecutivos de entradas de dinero que están viviendo, según ETFGI.
Entre las ventajas de los ETFs activos se encuentran:
- Diversificación. Con respecto a los ETFs de gestión pasiva, estos vehículos permiten descorrelacionarse de sus índices de referencia y no tener mayor exposición de la deseada a activos o sectores concretos.
- Adaptabilidad. Al estar capitaneados por un equipo gestor o modelos cuantitativos, permiten adaptarse a las circunstancias del mercado de manera ágil y con una capa de conocimiento que no tienen los ETFs en ‘piloto automático’.
- Transparencia. Al cotizar en bolsa, su precio puede consultarse en cualquier momento, a diferencia de los fondos de inversión, aunque esta característica sí es común a los ETFs pasivos.
- Liquidez. La ventaja de la liquidez intradía, el poder comprar y vender este producto en bolsa en cualquier momento, también es extensible a los ETFs pasivos, pero es una gran diferencia con los fondos de inversión tradicionales.
Los bajos costes, el acceso sencillo y la diversificación son algunos de los factores que están impulsando el interés de los inversores de todo el mundo en este tipo de productos cuya popularidad no deja de crecer, marcando nuevos récords cada día. Puedes explorar distintas opciones de posicionamiento a través de ETFs aquí. Recuerda siempre invertir de la mano de un asesor que evalúe correctamente tu perfil de riesgo.