¿Qué son los sesgos de exceso de confianza y la ilusión de control?

Guía de finanzas 2 min. de lectura
La percepción subjetiva de la realidad y de uno mismo puede dar lugar a distorsiones cognitivas perjudiciales, tanto en el ámbito financiero como fuera de él. Veamos cómo sucede esto.

A la hora de invertir, es fácil cometer errores, especialmente —aunque no exclusivamente— cuando se carece de experiencia. Aunque la economía conductual cuenta ya con bases sólidas y décadas de investigación, a menudo se subestima el papel que desempeñan la emotividad y los sesgos cognitivos, es decir, aquellas distorsiones que influyen en nuestras decisiones.

Los sesgos pueden afectar potencialmente a todos los aspectos de nuestra vida. Pueden estar más o menos arraigados, pero nadie es completamente inmune a ellos. Con frecuencia, son atajos que utiliza nuestro cerebro para simplificar la interpretación de la realidad, ya que analizar cada situación en profundidad sería inviable. Sin embargo, en ocasiones, estos sesgos condicionan nuestras decisiones hasta tal punto que pueden convertirse en auténticos riesgos. En el ámbito de la inversión, destacan especialmente el exceso de confianza (overconfidence) y la ilusión de control.

Exceso de confianza: cuando demasiada seguridad resulta perjudicial

El sesgo de exceso de confianza consiste, fundamentalmente, en una confianza desmesurada en uno mismo, en los propios conocimientos y en la capacidad de obtener resultados. En los inversores menos experimentados, este exceso de confianza puede verse reforzado por algunos éxitos iniciales. A menudo, se trata de rendimientos fortuitos que, sin embargo, pueden llevar a pensar que las propias habilidades son suficientes para afrontar con éxito cualquier situación, o incluso a considerarse por encima de la media.

El exceso de confianza puede manifestarse de diversas formas. La creencia de poder obtener beneficios en poco tiempo, por ejemplo, puede llevar a preferir productos de alto riesgo, que superan la propia capacidad financiera y, en ocasiones, el nivel de riesgo que se está dispuesto a asumir. Esto puede traducirse en resultados negativos, ya que las primeras pérdidas pueden generar miedo en inversores que carecen de una adecuada educación financiera, llevándoles a cerrar posiciones en pérdidas.

El overtrading, o la operativa frecuente e impulsiva con fines especulativos, suele estar estrechamente vinculado al exceso de confianza. Este comportamiento, si no va acompañado de una estrategia, objetivos claros y conocimientos sólidos, puede resultar perjudicial, incrementando los costes y los riesgos, y afectando negativamente a los resultados.

En los casos más extremos, cuando se convierte en un fenómeno colectivo, el exceso de confianza puede alimentar burbujas financieras, impulsadas por la búsqueda de ganancias supuestamente mayores, más fáciles y rápidas de lo que realmente son. En estos contextos, combatir el exceso de confianza resulta aún más difícil, especialmente cuando se combina con el miedo a perder una oportunidad (FOMO) y con otro sesgo poderoso: el efecto rebaño.

La ilusión de control

Otro sesgo muy extendido es la llamada ilusión de control. Tampoco se trata de una distorsión exclusiva del ámbito financiero, pero en el contexto de la inversión puede acarrear serios problemas. Consiste en sobrestimar la propia capacidad para prever y controlar los acontecimientos. Por ejemplo, se tiende a pensar que siempre se sabrá elegir el momento adecuado para entrar o salir del mercado (el llamado “market timing”), una práctica que resulta extremadamente compleja incluso para los profesionales más experimentados.

En realidad, la ilusión de control ignora el hecho de que nadie, ni siquiera el inversor más experto, puede prever hasta el último detalle. Los factores que influyen en una inversión son numerosos y, en muchos casos, escapan al control del inversor. Entre todos ellos, destaca el azar. El problema de esta actitud, aparentemente hiper-racional, es que suele desembocar en comportamientos dictados por la emotividad. Cuando se producen acontecimientos negativos que desbaratan la sensación de control, la reacción más habitual es el pánico.

Cómo combatir el exceso de confianza y la ilusión de control con datos

Como siempre, la mejor defensa frente a los sesgos y la emotividad es una buena estrategia. Esto implica definir objetivos claros, establecer horizontes de inversión y gestionar adecuadamente la tolerancia al riesgo. La claridad en los objetivos favorece decisiones más informadas y contribuye a reducir tanto el exceso de confianza como la ilusión de control.

La gestión activa de una cartera requiere experiencia, competencias sólidas, conocimiento de los mercados y acceso a datos fiables (y la capacidad de interpretarlos correctamente), algo que rara vez posee un inversor no profesional. Quienes, en cambio, se dedican a los mercados de forma profesional y continuada, lo saben bien: el riesgo es un factor ineludible, los mercados pueden comportarse de manera impredecible e irracional y, en cualquier caso, es imposible prever cada detalle. Confiar en profesionales, contar con una estrategia clara y recordar la importancia fundamental de la diversificación son las mejores herramientas para gestionar los sesgos y amortiguar los excesos cognitivos y emocionales —como el miedo, el entusiasmo o la sobrevaloración de uno mismo— que pueden limitar los resultados de una inversión o provocar pérdidas.