Invertir en renta fija es sinónimo de comprar bonos, que conviene conocer para entender sus riesgos y también manejar las expectativas de rentabilidad. De manera general, los bonos suelen clasificarse en bonos corporativos y bonos gubernamentales. Te explicamos en qué se diferencian y qué tener en cuenta a la hora de invertir en ellos.
Antes de profundizar en ellos, conviene tener claro qué es la renta fija. La CNMV la define como la inversión en instrumentos de deuda mediante la cual el inversor presta dinero a un emisor a cambio de intereses periódicos y la devolución del capital al vencimiento. Según el emisor sea una entidad privada o un gobierno, hablaremos de bonos corporativos o de bonos gubernamentales.
Bonos gubernamentales o bonos soberanos
Los bonos gubernamentales, también llamados bonos soberanos, son un instrumento que utilizan los estados y las administraciones públicas para financiarse en el mercado. Suelen ser percibidos como menos arriesgados que otro tipo de bonos, en especial, si se trata de los emitidos por economías desarrolladas.
Estos bonos se pueden emitir a diferentes plazos, es decir, con un compromiso relativo a la ventana de tiempo en la que el inversor recuperará su ‘préstamo’. En función del plazo al que se solicite la financiación y también del riesgo de impago, la rentabilidad ofrecida será mayor o menor.
Y es que uno de los principales riesgos de este tipo de activo es el riesgo de impago. Para ayudar al inversor en la valoración de este riesgo existen las agencias de calificación crediticia, las más reconocidas siendo S&P, Moody’s y Fitch. Estas corporaciones analizan la solvencia económica del emisor -en este caso, la sostenibilidad financiera de los países y su capacidad de repago- y establecen un rating o calificación.
A grandes rasgos existe una doble clasificación (no solo para los bonos gubernamentales, sino también para los corporativos): grado de inversión y grado especulativo. Esta división separa a los emisores con menos dudas acerca de su solvencia de los que pueden tener problemas para devolver el capital. Dentro de cada uno de estos bloques, existen varios escalones o calificaciones, que están estandarizados (con pequeñas variaciones según cada agencia) y se expresan desde la calificación la más alta, AAA, seguida de AA+, AA,A+, A, BBB, BB+ y así seguidamente hasta la D, que es la peor calificación.
En la actualidad, solo 11 países cuentan con la máxima calificación, la triple A (AAA). Entre ellos, Dinamarca, Noruega, Canadá, Australia, Suiza o Alemania. Es decir, según el criterio de la agencia, serían los países más seguros en cuanto al riesgo de impago. Estados Unidos, por su parte, se sitúa en el segundo escalón en cuanto a solvencia (AA+) y España obtiene una calificación de A+, lo que la sitúa en el cuarto puesto en este escalafón, por detrás de los países mencionados anteriormente.
Estas son todas las calificaciones crediticias existentes y su significado, según explica Standard&Poors:
Grado de Inversión
- AAA: extremadamente fuerte capacidad para cumplir sus compromisos financieros.
- AA: muy fuerte capacidad para cumplir sus compromisos financieros.
- A: fuerte capacidad para cumplir con sus compromisos financieros, pero algo susceptible a las condiciones económicas y cambios en las circunstancias.
- BBB: capacidad adecuada para cumplir sus compromisos financieros, pero más sujeto a condiciones económicas adversas.
Grado especulativo
- BB: menos vulnerable en el corto plazo, pero enfrenta importantes y constantes incertidumbres debido a condiciones adversas del negocio, financieras y económicas.
- B: más vulnerable a condiciones adversas del negocio, financieras y económicas, pero actualmente tiene la capacidad de cumplir con sus compromisos financieros.
- CCC: actualmente vulnerable y depende de condiciones favorables del negocio, económicas y financieras para cumplir con sus compromisos financieros.
- CC: sumamente vulnerable, el incumplimiento aún no ocurre, pero se espera que sea una certeza virtual.
- C: actualmente muy vulnerable al impago y se espera que la recuperación final sea menor que la de las obligaciones con calificaciones más altas.
- D: incumplimiento de pago de un compromiso financiero o incumplimiento de una promesa imputable, también se utiliza cuando se ha presentado una petición de quiebra.
Bonos corporativos o crédito corporativo
Cuando en lugar de un estado o administración pública, es una empresa la que utiliza este instrumento para financiarse, hablamos de bonos corporativos o crédito corporativo.
Una empresa o corporación tiene diferentes canales de financiación, desde salir a bolsa para repartir parte de su capital entre inversores o llevar a cabo una ampliación de capital hasta acudir a la financiación bancaria tradicional.
Pero, al igual que los estados, las empresas también pueden acudir a financiarse al mercado a través de la emisión de bonos. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de crédito corporativo, este puede ser público o privado. Es decir, hay empresas que emiten sus bonos y cotizan en los mercados públicos y existe un mercado privado de financiación, con menor liquidez y una transparencia más limitada que la de los bonos que cotizan.
En cuanto a sus características, muchas son comunes a las de los bonos gubernamentales, como, por ejemplo, que se emiten a distintos plazos y que su rentabilidad inicial ofrecida es proporcional a la calificación que hayan obtenido como emisores.
Bonos High Yield
Los bonos de alto rendimiento (high yield en inglés) conforman, dentro del universo de la renta fija, una parte con mayor riesgo para el inversor. Se trata de bonos cuyos emisores tienen un rating o calificación de grado especulativo y, por tanto, tienen mayor incertidumbre en cuanto a ser capaces de devolver el capital prestado o incluso pagar los intereses.
Por este mismo motivo, ofrecen un rendimiento superior, como contraprestación al riesgo que se asume.
En el escalafón de rating de las agencias de calificación, como ejemplo la de S&P, los bonos high yield serían todos aquellos emitidos por empresas con una calificación de BB en adelante. Pero ya se incluyen en este grupo aquellos que, teniendo una nota superior, la de BBB, poseen perspectiva negativa (expresado como BBB-).
Riesgos de los bonos
Aunque la renta fija, los bonos en este caso, es considerada de menor riesgo que la renta variable, conviene conocer los riesgos de este tipo de activo antes de invertir:
- Riesgo de impago: como mencionamos anteriormente, existe un riesgo de que el emisor no pueda afrontar o el pago de los intereses o la devolución del capital que le ‘prestó’ el inversor. Es un riesgo que nunca desaparece por completo, pero es menor en países o empresas con la máxima calificación crediticia.
- Riesgo de tipos de interés: es un concepto clave en la renta fija y hace referencia a su sensibilidad a las variaciones de los tipos de interés oficiales fijados por los bancos centrales. Cuando suben los tipos, los bonos ya emitidos suelen perder valor, ya que los nuevos bonos se emiten con cupones o rentabilidades más elevados. Este impacto suele ser mayor en bonos con vencimientos largos, y por tanto reaccionan con más intensidad a estos movimientos.
- Riesgo de inflación: todo inversor en cualquier tipo de activo debe tener muy presente la inflación (o subida del coste de la vida) para no perder poder adquisitivo. En el caso de los bonos este riesgo cobra mayor importancia, ya que incluso puede llevar a que la rentabilidad real de éstos sea negativa. Si los precios suben por encima de los intereses que paga un bono, el inversor entra en pérdidas en su inversión. Es un riesgo a tener en cuenta especialmente en bonos con cupones bajos (que pagan una rentabilidad muy ajustada) o con vencimientos largos (cuanto mayor sea el plazo, más fluctuaciones puede sufrir a lo largo de los años, como sucede con los tipos de interés).
- Riesgo económico: la capacidad de cumplir con los compromisos adquiridos de empresas y gobiernos está directamente relacionada con la situación macroeconómica. Un empeoramiento de la situación añade riesgo de impago, aunque en momentos de crisis o incertidumbre los inversores son más proclives a ver mayor seguridad en deuda gubernamental de alta calidad que en la deuda corporativa.
Invertir en bonos
El acceso del inversor minorista al mercado de bonos no es sencillo, salvo en ciertos casos como por ejemplo el de las Letras del Tesoro españolas, que son muy accesibles y fáciles de negociar para el público en general.
Pero si miramos otro tipo de emisiones internacionales el escenario es más complejo, ya que requieren de un conocimiento especializado, ya que en general están pensadas para grandes inversores institucionales. Por lo tanto, es preferible en esos casos ir de la mano de un experto que entienda los riesgos anteriormente mencionados.
Una vía para invertir de forma más segura y diversificada son los fondos de inversión o los ETFs. Si además queremos contar con la experiencia de un gestor que adapte en todo momento la cartera en función de las expectativas de tipos de interés y de inflación (además de evaluar convenientemente el riesgo de impago de algunos emisores), los fondos de inversión de gestión activa se perfilan como una opción a tener en cuenta.