Desacoplamiento energético: ¿es posible crecer y reducir emisiones?

Inversión sostenible 3 min. de lectura
Romper el vínculo entre el crecimiento económico y la huella medioambiental es un reto para los países del mundo entero. En este artículo analizamos por qué el desacoplamiento energético puede ser un motor de rentabilidad para los inversores.

El gran reto al que se enfrentan las economías mundiales es avanzar hacia la neutralidad climática sin renunciar al crecimiento. Por eso, el desarrollo sostenible ha dejado de ser una opción y se ha convertido en una necesidad estructural del sistema económico

Los nuevos objetivos de descarbonización y las políticas públicas cada vez más exigentes están obligando a los estados y a las compañías a invertir masivamente en innovación y tecnología. El objetivo es doble: continuar generando crecimiento económico y riqueza y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de CO2. Este proceso se conoce como desacoplamiento energético y se apoya en mejoras de eficiencia energética y en la transformación del sistema productivo hacia modelos de baja intensidad de carbono. 

Por esta razón, muchos inversores están poniendo el foco en este segmento, atraídos por su potencial de crecimiento y rentabilidad.

Un cambio de paradigma energético histórico

Hasta hace apenas una década, el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) estaba íntimamente correlacionado con el aumento de las emisiones contaminantes. Esto se debía a que el modelo económico estaba basado en la industria. En este modelo, las compañías y los estados crecían apoyándose en el uso intensivo de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón. 

Sin embargo, este paradigma ha experimentado un cambio estructural. En la actualidad, y aunque el desacoplamiento es desigual entre regiones, algunos países ya han conseguido el desacoplamiento absoluto, es decir, que han logrado que su PIB continúe creciendo mientras sus emisiones descienden. 

Esta transformación está asentada en cuatro pilares fundamentales:

  • El auge de la inversión en energías renovables, como la solar y la eólica. 
  • El cambio de modelo de producción hacia sectores de mayor valor añadido, como los servicios y la innovación, que tienen una menor dependencia de los hidrocarburos.
  • Los nuevos sistemas de eficiencia energética
  • El respaldo institucional internacional, como la inversión europea en sostenibilidad de la mano de los Fondos Europeos Next Generation EU.

Los motores del crecimiento verde

Todos estos elementos políticos, sociales y económicos han consolidado la inversión verde como una oportunidad de mercado con fundamentos sólidos y de carácter estructural

  • Electrificación de la economía. Así, por ejemplo, los sistemas de transporte están transitando a nivel mundial desde un modelo basado en el motor de combustión tradicional hacia el eléctrico, con el desarrollo en paralelo de tecnologías como el hidrógeno verde. Esta electrificación de la economía está generando cadenas de valor totalmente nuevas. Por eso, las compañías verdes pueden ofrecer mayor proyección de mercado a los inversores que las empresas de hidrocarburos. 
  • Eficiencia de costes. En la actualidad, la generación de energía renovable ha demostrado ser más barata que la que se crea a partir de combustibles fósiles. De hecho, muchos profesionales ya consideran que la inversión en sostenibilidad es un ahorro a largo plazo. 
  • Nueva “revolución industrial”. Los sectores tradicionales de la industria basados en el carbón y el petróleo han dado paso al crecimiento del sector servicios y de la tecnología en los países desarrollados y en algunos emergentes. De ahí que, ciertos ámbitos de innovación como la digitalización y la inteligencia artificial generativa permiten ya optimizar el consumo de la energía en fábricas y también en ciudades mediante redes eléctricas inteligentes o smart grids. 
  • Apoyo de los inversores institucionales. Muchos fondos institucionales están moviendo los flujos de capital hacia sectores sostenibles y hacia activos de baja intensidad de carbono. Este factor genera liquidez para las empresas líderes del sector, lo que les permite crecer y repartir dividendos entre sus accionistas. 

Estos factores suponen un contexto favorable para canalizar las inversiones hacia sectores como la movilidad sostenible, la electrificación del transporte y la rehabilitación energética de los edificios, entre otros.

El caso de España: un ejemplo de desacoplamiento

En los últimos años, España ha avanzado hacia el desacoplamiento de su economía de las emisiones contaminantes gracias a su apoyo a sectores estratégicos e innovadores, como las energías renovables y la tecnología. En 2023, España consolidó un punto de inflexión en su proceso de desacoplamiento, el PIB español creció un 2,5% y sus emisiones de CO2 se redujeron un 5,5% con respecto a un año antes. 

  • En España, cada vez más electricidad proviene de energías limpias. De hecho, según datos de Red Eléctrica, la energía solar y la eólica ya se han consolidado como pilares del sistema y su producción de energía eléctrica superando el 55% del total en 2025. 
  • El país ha adaptado su modelo productivo hacia sectores menos dependientes de los hidrocarburos, como la innovación y los servicios. Además, algunos sectores intensivos como la industria, más vinculados a los hidrocarburos, también buscan reducir su dependencia del petróleo y usar biocombustibles. 
  • El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) dirige sus esfuerzos a la optimización del consumo energético y a la búsqueda de energías más limpias con las que seguir reduciendo la huella medioambiental.

¿Qué retos plantea el desacoplamiento de emisiones?

Para conseguir que el crecimiento económico siga en pie mientras se reducen las emisiones contaminantes, todavía existen algunos retos a tener en cuenta. 

  • Mantener la senda verde. Para los países que ya han conseguido desacoplarse energéticamente, el reto que tienen por delante es mantener esa tendencia. Eso implica continuar innovando y haciendo cambios en su modelo de producción. 
  • Desacoplamiento neto. En ocasiones, muchos países alcanzan el desacoplamiento relativo, es decir, que reducen la intensidad de las emisiones de carbono por unidad de PIB, sin embargo, las emisiones totales continúan aumentando. El reto es conseguir el descenso neto o absoluto de las emisiones
  • Exportación de emisiones. Hay países cuyos datos de emisiones descienden porque mueven sus principales fábricas contaminantes a países emergentes como China o India. Se trata de un desacoplamiento de carbono “irreal”, ya que las emisiones se siguen liberando a la atmósfera terrestre. 
  • Dependencia de materiales estratégicos. Para poder transitar hacia una economía más verde, los estados y las compañías necesitan comprar y extraer de forma masiva metales como el litio, cobre, cobalto o las tierras raras. A pesar de que son materiales muy necesarios para la transición energética, por su importancia en la fabricación de baterías y presencia en centros de datos, entre otros, su extracción genera residuos tóxicos, libera metales pesados y consume mucha agua.

Inversión y desacoplamiento energético

En Pictet Asset Management llevamos años analizando las grandes tendencias en sostenibilidad que transforman la economía mundial y que pueden ser interesantes para los inversores. 

Para conseguir el desacoplamiento absoluto, es esencial invertir en innovación. Orientar las carteras hacia la eficiencia energética, el autoconsumo y el despliegue de energías limpias es el camino para acercarnos a un verdadero desarrollo sostenible. No se trata solo de reducir la huella de carbono, sino de identificar oportunidades de inversión capaces de obtener rentabilidades atractivas asociadas a esta transición energética y estructural.