Invertir con éxito: los términos clave que tienes que conocer antes de empezar

Guía de finanzas 3 min. de lectura
Cuando decidimos comenzar a invertir hay determinados conceptos que todos debemos conocer para aproximarnos a los mercados financieros de forma segura y sensata. En este artículo te contamos cuáles son algunos de los más importantes.

Invertir consiste en destinar dinero a la compra de activos financieros, como acciones, bonos o fondos, con el objetivo de que aumenten su valor y generen beneficios. La inversión no solo puede ayudarte a incrementar tu patrimonio, sino que también permite alcanzar objetivos financieros, generar ingresos pasivos y diversificar las fuentes de ingresos. Además, actúa como protección del poder adquisitivo, ayudando a mitigar la pérdida de valor de dinero causada por la inflación.

Cuándo y cómo empezar a invertir: el interés compuesto

A pesar de que hay que saber que la inversión conlleva riesgos, existen teorías que confirman que empezar cuanto antes y mantener una visión de largo plazo aumenta significativamente el valor del dinero. Una de las más importantes es la teoría del interés compuesto, apodada en el sector de las finanzas como la “octava maravilla del mundo”.


El interés compuesto se basa en acumular rendimientos sobre los resultados anteriores de los activos invertidos. Es decir, mientras que el interés simple solo genera ganancias sobre el capital inicial, el interés compuesto produce rendimientos tanto sobre el capital como sobre los intereses previamente acumulados. De esta manera, los intereses que se obtienen al final de cada período no se retiran, sino que se reinvierten, es decir, se capitalizan. Es la teoría de acumulación de capital a largo plazo, el efecto ‘bola de nieve’ del dinero.

Esta tesis la aplican muchos inversores destacados. De hecho, el famoso y exitoso inversor Warren Buffett ha comentado en varias ocasiones que el interés compuesto ha sido el factor más determinante en su modo de invertir, permitiéndole grandes beneficios.

Conceptos y claves fundamentales para invertir

Una vez que sabemos la importancia que tiene invertir de manera sensata y el atractivo de la inversión a largo plazo, conviene repasar algunos conceptos esenciales que debemos interiorizar para enfrentarnos a los mercados financieros. Conocerlos reduce significativamente los riesgos y la probabilidad de tomar malas decisiones.

  • Rentabilidad, riesgo y volatilidad. La rentabilidad de una inversión indica el potencial de ganancias o pérdidas, mientras que el riesgo se refiere a la posibilidad de que nuestra inversión no produzca los resultados esperados o que perdamos parte o todo el capital que hemos invertido inicialmente. Tal y como explica la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), “rentabilidad y riesgo son dos conceptos que van unidos: cuanta mayor sea la rentabilidad esperada de un producto mayor será el riesgo que asumamos”. El organismo, además de recomendarnos desconfiar siempre de un producto financiero que promete una elevada rentabilidad y bajo riesgo, también destaca que la forma de medir el riesgo es mediante la volatilidad. Es un cálculo matemático que determina si el precio de un activo durante cierto período de tiempo ha variado mucho respecto a su valor medio. Siempre debemos tener en cuenta cuando invertimos que a mayor volatilidad, mayor riesgo.
  • Liquidez. La liquidez indica la facilidad con la que un activo puede venderse y con la que el dinero invertido, junto con las ganancias, puede recuperarse. Es la capacidad de convertir un activo en efectivo de forma más o menos rápida. Por ello, las inversiones líquidas suelen ser más seguras que las ilíquidas. No es lo mismo, por ejemplo, invertir en acciones de una gran compañía cotizada, que puedes vender cuando quieras, que invertir en una startup no cotizada, que puede tener pérdidas y de las que no puedes deshacerte de la inversión ni tan fácilmente ni tan rápidamente.
  • Horizonte temporal. El horizonte temporal es el periodo durante el cual un inversor planea mantener su inversión antes de retirarla o necesitarla. Este plazo varía de una persona a otra y es clave para determinar qué productos financieros son los más adecuados para cada cartera en función del nivel de riesgo que estamos dispuestos a asumir y nuestro objetivo financiero. Se suele clasificar en corto plazo (hasta un año), medio plazo (entre uno y cinco años) y largo plazo (de cinco años en adelante). Así por ejemplo, no convendría invertir en acciones si nuestro horizonte es a corto plazo y somos reacios al riesgo, ya que su naturaleza más volátil aumenta la incertidumbre en cuanto a la posibilidad de ganancias e incluso de recuperar la inversión.
  • Perfil de inversor. El nivel de rentabilidad y riesgo que estamos dispuestos a asumir, así como el horizonte temporal de nuestras inversiones, dependen, en gran parte, del perfil de inversor con el que nos identifiquemos. De forma general encontramos tres tipos: conservador, moderado y arriesgado. El perfil conservador corresponde a quienes tienen alta aversión al riesgo y prefieren productos que prioricen preservar su capital en detrimento de rentabilidades más altas. Por su parte, el inversor más arriesgado está dispuesto a asumir un mayor riesgo para conseguir una alta rentabilidad. En medio encontramos al inversor moderado, que intenta lograr un equilibrio entre rentabilidad y riesgo.
  • Diversificación. Consiste en distribuir el capital entre distintos tipos de activos y sectores para reducir el riesgo. Tal y como destacan desde Bolsas y Mercados Españoles (BME), “al invertir en una variedad de instrumentos financieros, se disminuye el impacto negativo que una sola inversión podría tener en la cartera total”. La diversificación es esencial cuando componemos una cartera inversora: minimiza el impacto de la volatilidad del mercado y las pérdidas potenciales; mejora la rentabilidad, ya que aumentan las oportunidades de obtener beneficios de diferentes clases de activos en distintos contextos de mercado; y ofrece mayor estabilidad a la cartera al proporcionar predictibilidad en los rendimientos generales de la inversión. Diversificar la cartera en unos u otros activos de inversión y el porcentaje destinado a cada uno de ellos depende también del perfil de inversor con el que nos identificamos. Por ejemplo, un inversor conservador incluiría acciones con políticas de distribución de dividendos altas, fondos del mercado monetario y bonos de alta calidad. En contraposición, un inversor arriesgado optaría por componer su cartera con acciones de alto crecimiento, de empresas y mercados emergentes con alto potencial de revalorización y activos alternativos, como bienes raíces, materias primas o incluso criptomonedas.
  • Instrumentos de inversión: Para conocer bien los mercados y llevar a cabo una buena estrategia de diversificación conviene conocer en qué tipos de instrumentos podemos invertir. En general, se suelen dividir en inversiones de renta fija (bonos de gobiernos o empresas), de renta variable (acciones), fondos de inversión (que agrupan el dinero de muchos inversores) y ETFs (fondos que cotizan en bolsa como las acciones), y en otros productos como los híbridos (que mezclan las características de los de renta fija y variable, como los bonos convertibles, los estructurados, la deuda subordinada o las acciones preferentes) y derivados (como los futuros de las materias primas, o los índices, cuyo valor depende de otros activos). También podemos invertir directamente en bienes raíces (propiedades físicas o vehículos que las gestionan) y en criptomonedas o activos digitales (en gran parte no regulados y de alta volatilidad).
  • Inversión activa y pasiva. A la hora de invertir también debemos tener muy en cuenta la estrategia y estilo con los que vamos a operar. Mientras la gestión activa de una cartera se basa en la toma de decisiones estratégicas por parte de gestores cualificados, la pasiva busca replicar un índice del mercado manteniendo una cartera que refleje su composición. Cada tipo de inversión tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Mientras la gestión activa se adapta mejor a los diferentes entornos de mercados, aprovecha oportunidades específicas y realiza una gestión dinámica del riesgo, la pasiva minimiza la rotación de activos en la cartera, aporta diversificación automatizada del índice de referencia y tiene costes más bajos para el inversor.
  • Estrategia Growth vs Value. Cuando decidimos en qué invertir, debemos tener en cuenta si lo estamos haciendo desde una aproximación de estrategia de crecimiento (growth) o de valor (value). De hecho, y aunque muchos fondos de inversión suelen estar asociados a una u otra estrategia, ambos conceptos pueden ser complementarios. En términos generales, la inversión en valor busca compañías infravaloradas, es decir, que el precio al que cotizan esté por debajo de lo que realmente vale la compañía. El value investing aprovecha compañías que tienen mucho que aportar pero que están baratas en el momento de la compra. La inversión en crecimiento consiste sin embargo, en comprar compañías con alto potencial de crecimiento de beneficios y, a diferencia del value, valora más los resultados futuros de la compañía que su situación actual. Es decir, el growth investing no mira tanto el valor intrínseco de la compañía, sino su potencial de futuro.
  • Criterios ASG. Otro de los puntos clave a los que debemos atender es la inversión basada en criterios sostenibles. En el mundo de la inversión, esa apuesta por la sostenibilidad y por el buen hacer de las compañías en las que se invierte se concreta con los criterios ASG (ESG, por sus siglas en inglés) basados en desempeños ambientales, sociales y de gobernanza. Ante los retos climáticos y sociales del mundo actual, las compañías con altas puntuaciones en estos criterios sostenibles tienen más posibilidades de prosperar en un mercado en el que cada vez son más los inversores que optan por fondos y compañías que generen beneficios de manera responsable. Tal y como destacan desde Estrategias de Inversión, el 80% de los fondos de inversión van a incorporar factores ASG en los próximos años y la inversión bajo estos criterios verdes se espera que supongan más de 26 billones de dólares en la economía global.

Conocer estos conceptos es el primer paso para invertir de forma informada y responsable. Recuerda, la educación financiera es clave para tomar decisiones acertadas y construir un futuro económico más sólido. Desde Pictet Asset Management estamos muy comprometidos con la educación y la salud financiera, por ello llevamos a cabo diversas iniciativas para democratizar el conocimiento y el bienestar financiero. Además, promovemos siempre los criterios de sostenibilidad y responsabilidad social en todas nuestras decisiones de inversión.