¿Qué es la inflación y cómo afecta a tus ahorros?

Guía de finanzas 4 min. de lectura
La inflación es el crecimiento general del nivel de precios de consumo en una economía, reduciendo el poder adquisitivo del dinero y afectando directamente al valor real del ahorro. Entender cómo funciona y qué estrategias pueden ayudar a mitigar sus efectos es clave para proteger el patrimonio a largo plazo.

En los últimos años, la inflación ha vuelto a ocupar muchos titulares. El aumento del precio de la energía, de los alimentos o de bienes y servicios que usamos y consumimos en nuestro día a día ha hecho que muchas familias vieran de cerca cómo aumentaba el coste de la vida.

En este sentido, la inflación tiene implicaciones muy importantes para el ahorro y la planificación financiera. Comprender qué es la inflación, cómo se mide y por qué se produce permite entender mejor cómo puede afectar al valor real de nuestro dinero y qué papel puede desempeñar la inversión.

Qué es la inflación

La inflación es el crecimiento general del nivel de precios de consumo en una economía. Es decir, hablamos de inflación cuando se produce una subida generalizada y sostenida en el tiempo de los precios de bienes y servicios.

La consecuencia más directa es la pérdida de poder adquisitivo de las divisas, lo que hace que con la misma cantidad de dinero se puedan comprar menos bienes y servicios que antes de su aparición.
 

Cómo se mide la inflación

La inflación se mide a través del Índice de Precios al Consumo (IPC). Este indicador refleja la variación de los precios de los bienes y servicios de consumo adquiridos por los hogares en un periodo de tiempo. Esto incluye diferentes categorías, como alimentación, vivienda, transporte o energía, ponderadas según su peso en el consumo general de los ciudadanos. A partir de este análisis, se calcula el porcentaje de incremento de precios en un periodo determinado.

De este modo, el IPC es uno de los indicadores económicos más seguidos, ya que permite ver cómo evoluciona el coste de la vida y ayuda a los bancos centrales a tomar decisiones en materia de política monetaria.

Sin embargo, la inflación no siempre tiene la misma intensidad ni los mismos efectos sobre la economía. Cuando los precios aumentan moderadamente, la inflación suele ser compatible con el crecimiento económico. Sin embargo, cuando los precios crecen mucho y a un ritmo muy elevado, se produce lo que conocemos como hiperinflación, siendo un escenario que suele ir acompañado de graves desequilibrios económicos a nivel global.

Motivos por los que se produce la inflación

La inflación puede tener múltiples causas y, en la mayoría de los casos, surge debido a la combinación de varios factores económicos:

  • Inflación por aumento de la demanda: uno de los motivos más habituales es el incremento de la demanda de bienes y servicios. Cuando la demanda supera la capacidad de producción o de importación, se genera una escasez que hace que los precios tiendan a aumentar.
  • Inflación por aumento de costes: otra causa habitual es el aumento del coste de las materias primas o de la energía, especialmente. En estos casos, las empresas buscan trasladar parte de ese incremento de costes al precio final de los productos para mantener sus márgenes, haciendo que los precios suban.
  • Inflación por expectativas: las expectativas de inflación afectan a nuestro comportamiento, haciendo que las empresas puedan subir precios para anticiparse a esa situación y empujando a los trabajadores a solicitar incrementos salariales para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
  • Inflación por aumento de la oferta monetaria: otra causa de inflación es la emisión de dinero por encima de la demanda real de la economía desde los bancos centrales. Cuando aumenta el dinero en circulación, su valor tiende a disminuir, lo que suele traducirse en una subida general de los precios.

Qué es la deflación y por qué hay que evitarla

La deflación es el fenómeno contrario a la inflación y se produce cuando los precios disminuyen de forma generalizada y sostenida en el tiempo. Aunque a primera vista podría parecer una situación muy positiva para los consumidores y la economía en general, la deflación puede generar graves efectos negativos que hay que evitar.

En efecto, la bajada de precios continuada provoca que los consumidores esperen a que los precios sigan bajando para comprar, disminuyendo así el consumo y, por tanto, desequilibrando la oferta y la demanda. La reducción del consumo obliga a las empresas a bajar forzosamente los precios y recortar sus costes, entre ellos los laborales, generando paro y un menor crecimiento económico. Como el fenómeno se retroalimenta, entra en un bucle del que es muy difícil salir.

Cómo afecta la inflación a nuestros ahorros

Uno de los efectos más destacados de la inflación es la pérdida progresiva del valor del dinero, especialmente cuando este permanece inmóvil. Si una persona mantiene su dinero en una cuenta corriente durante un largo periodo de tiempo, se mantiene el valor nominal del ahorro, pero su valor real baja considerablemente si los precios aumentan.

Por este motivo, la inflación tiene un coste silencioso pero muy importante en nuestros ahorros si nuestro dinero no genera una rentabilidad suficiente para compensar el aumento de los precios. 

Qué herramientas tienen las autoridades monetarias para combatir la inflación

Los bancos centrales tienen un papel clave en el control de la inflación. Su objetivo es mantener la estabilidad de los precios, para lo cual tienen a su alcance diferentes herramientas de política monetaria:

  • Los tipos de interés: los bancos centrales suben los tipos de interés cuando la inflación es alta para encarecer el crédito. Esto reduce el consumo y la inversión, ayudando a frenar el aumento de los precios. Del mismo modo, en entornos de baja inflación o desaceleración económica, pueden bajarlos para estimular el crecimiento.
  • La liquidez: los bancos centrales también son capaces de controlar la inflación mediante aumento o reducción de la liquidez del sistema financiero. El mecanismo actúa a través de la compra o venta de activos, como los bonos soberanos, para aumentar o disminuir respectivamente la cantidad de dinero en circulación. Si venden activos ayudan a contener la inflación, ya que retiran dinero del mercado, mientras que si compran activos pueden estimular la economía al inyectarlo.

Además, también influyen en la economía a través de los mensajes que comparten tras las reuniones periódicas que mantienen, ya que pueden afectar al comportamiento y las expectativas de los mercados.
 

Invertir para combatir la inflación

La inflación no solo reduce el poder adquisitivo, sino que también influye en la rentabilidad real de las inversiones. Por ejemplo, una inversión que genera un 5% anual puede resultar poco o nada efectiva si la inflación se sitúa en un nivel parecido.

Por este motivo, los inversores deben tener cautela a la hora de diversificar sus carteras ante entornos inflacionarios, ya que los diferentes tipos de activos tienen comportamientos diferentes:

  • Bonos: cuando la inflación aumenta, los bancos centrales suelen subir los tipos de interés. En consecuencia, los nuevos bonos que se emitan ofrecerán mayores rendimientos que los ya emitidos. Para igualar el mayor rendimiento, estos últimos tendrán que intercambiarse a un menor precio, por lo que pierden valor.
  • Acciones: algunas empresas pueden beneficiarse momentáneamente de un entorno inflacionario si consiguen trasladar el aumento de costes a los precios finales. Aunque, tarde o temprano y salvo posición de mercado dominante, notarán una pérdida de atractivo frente a los competidores que no pudieron subir precios. Sin contar que se enfrentarán a la misma caída de consumo por la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores. En definitiva, conviene analizar de muy cerca cada acción para evaluar hasta qué punto puede verse afectada por la inflación.
  • Activos reales y materias primas: estos activos pueden mostrar una mayor resiliencia a entornos inflacionarios. El oro, por ejemplo, es considerado un activo refugio por lo que suele ganar atractivo en momentos de incertidumbre económica.

La importancia de planificar a largo plazo

En un escenario inflacionario, mantener el dinero en una cuenta sin generar rentabilidad supone una pérdida de poder adquisitivo.

Por ello, muchos profesionales consideran que una adecuada planificación financiera, combinada con una estrategia de inversión bien diversificada y adaptada a los objetivos personales de cada individuo, es la mejor forma de mitigar el impacto de la inflación a largo plazo en nuestros ahorros y proteger nuestro patrimonio.