China domina las energías renovables y marca el ritmo de la transición energética

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Según las últimas estimaciones del presidente Xi Jinping, Pekín elevará la capacidad eólica y solar, ya la más amplia del mundo, hasta 3.600 gigavatios en 2035.

El decimoquinto plan quinquenal chino, iniciado en marzo de 2026, sitúa las energías renovables en el centro de la estrategia económica, acelerando la construcción del mayor sistema energético verde del planeta. China avanza en esta dirección y está resistiendo mejor que otros países el shock energético derivado de la guerra en Irán.

Este crecimiento no supone únicamente una transformación interna de su sistema energético, sino también un cambio estructural en los equilibrios económicos y geopolíticos globales. El modelo económico chino, basado en la planificación estatal, la inversión pública masiva y una fuerte integración industrial, está redefiniendo las reglas de la economía verde a escala mundial.

Las cifras del crecimiento chino en renovables

El último plan quinquenal muestra que la transición energética se ha convertido en una pieza clave de la estrategia industrial y geopolítica del país. Pekín lidera el desarrollo de sectores como la energía solar y la eólica; este liderazgo no responde solo a una rápida evolución tecnológica, sino a una estrategia industrial e infraestructural de largo plazo.

En 2025, la nueva potencia eólica y fotovoltaica instalada en China superó los 430 GW, alcanzando un total de más de 1,8 TW y cubriendo más del 60% de la capacidad eléctrica del país. La energía fotovoltaica, por sí sola, ha sobrepasado los 1.000 GW de potencia.

China alberga hoy el mayor sistema solar del mundo, con una capacidad instalada más del doble que la del resto del planeta. Diez de las mayores plantas solares existentes se encuentran en territorio chino.

Otro elemento relevante es el almacenamiento de energía. La capacidad de nuevas instalaciones de almacenamiento superó los 160 GWh en 2025, alcanzando un total de 351 GWh. La misma dinámica se observa en la energía nuclear: con más de 30 reactores en construcción, se prevé que para 2030 China supere a Estados Unidos en capacidad nuclear instalada.

Para integrar este crecimiento, Pekín está desarrollando enormes infraestructuras de red que combinan energía solar y eólica con sistemas de almacenamiento cada vez más avanzados. Las llamadas “mega-redes” eléctricas permiten trasladar energía desde las regiones occidentales, donde se concentran gran parte de las instalaciones renovables, hacia los grandes centros industriales y urbanos de la costa oriental.

Este enfoque infraestructural es esencial para sostener una transición energética a gran escala y reducir la dependencia del carbón, que todavía ocupa un peso significativo en el mix energético chino.

A pesar de estos avances, China continúa siendo el país que más emisiones de CO₂ genera en términos absolutos. En septiembre de 2025, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Xi Jinping anunció el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 7 % y un 10 % en la próxima década.

La cadena industrial que sostiene el liderazgo chino

En los últimos años, además de invertir de forma masiva en nuevas plantas fotovoltaicas y eólicas, Pekín ha acompañado estos esfuerzos con políticas públicas dirigidas a reforzar la cadena industrial nacional.

China mantiene hoy una posición dominante en la producción mundial de paneles solares y turbinas eólicas, y controla gran parte de las cadenas de suministro necesarias para su fabricación, desde los minerales críticos hasta la manufactura avanzada.

Un factor clave de este liderazgo es la intensa intervención del Estado mediante planes industriales estratégicos, incentivos fiscales y financiación a empresas del sector. Programas como “Made in China 2025” han sido decisivos para impulsar la innovación tecnológica y la capacidad de escalar la producción.

Al mismo tiempo, la planificación energética nacional tiene como objetivo reforzar la seguridad energética. A diferencia de Estados Unidos, que lidera la producción de petróleo y la exportación de gas natural, China cuenta con recursos fósiles limitados. Por ello, apuesta por reducir su dependencia de las importaciones energéticas acelerando el desarrollo de las renovables.

Transición energética y nuevos equilibrios geopolíticos

Gracias a esta estrategia, China se ha consolidado como el principal actor en la cadena global de tecnologías verdes, influyendo tanto en los precios como en la evolución tecnológica de los sistemas de energía renovable.

Su dominio en la producción de paneles solares ha contribuido a abaratar de forma significativa los costes a nivel mundial, facilitando la expansión de la energía fotovoltaica en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, esta centralidad también ha generado una fuerte dependencia de las importaciones de tecnología y componentes chinos.

En un contexto de shock energético derivado de la guerra en Irán, la competencia internacional se ha desplazado también al terreno de la transición energética. Mientras los países occidentales intentan reforzar su capacidad productiva y diversificar proveedores, China continúa consolidando su ventaja competitiva y tecnológica.

El control de las tecnologías renovables se ha convertido hoy en un factor estratégico comparable al que representaba el control de las fuentes fósiles en el siglo pasado. Para quienes siguen la educación financiera y económica, entender este cambio de poder en torno a la energía es clave para interpretar la evolución futura de los mercados, las inversiones y los riesgos geopolíticos.