Los rápidos avances tecnológicos están transformando el sector financiero a gran velocidad. La inteligencia artificial, el blockchain o la tokenización están permitiendo desarrollar nuevos productos y servicios, pero también plantean un reto: ¿cómo probar estas innovaciones en un sector tan regulado sin poner en riesgo a los usuarios o al propio sistema?
¿Qué es un sandbox financiero?
Un sandbox financiero —o sandbox regulatorio, como también se le denomina por estar promovido y supervisado por el propio regulador— es un espacio en el que se pueden probar nuevos modelos de negocio, productos o tecnologías aplicadas al ámbito financiero de forma controlada y bajo la supervisión de las autoridades competentes.
El concepto sandbox (literalmente “caja de arena”), que procede del ámbito tecnológico, comenzó a desarrollarse en el sector financiero en Reino Unido. En 2015, la Financial Conduct Authority (FCA) presentó su propuesta de Regulatory Sandbox dentro de su iniciativa Project Innovate, convirtiéndose en pionera en este ámbito. El sandbox comenzó a admitir solicitudes en 2016, permitiendo a las empresas probar productos, servicios y modelos de negocio innovadores en un entorno controlado y con consumidores reales, bajo la supervisión del regulador.
El objetivo es que una innovación pueda ponerse a prueba en condiciones próximas a las del mercado real, pero dentro de unos límites y con unas garantías previamente establecidos. De esta forma, las empresas pueden comprobar cómo funcionan sus proyectos y los supervisores conocer mejor sus implicaciones antes de que lleguen al mercado.
¿Por qué son importantes para la innovación financiera?
El sector financiero está sometido a una regulación especialmente exigente debido, entre otros motivos, a la necesidad de proteger a los usuarios y garantizar el correcto funcionamiento de los mercados.
Sin embargo, la aparición de nuevas tecnologías genera posibilidades que no siempre encajan de manera inmediata en los marcos regulatorios existentes. Es aquí donde los sandbox pueden actuar como un punto de encuentro entre innovación y regulación fintech en España.
Por un lado, permiten a las empresas probar sus soluciones, detectar posibles problemas y conocer mejor los requisitos que deberán cumplir. Por otro lado, ayudan a los reguladores a entender tecnologías y modelos de negocio emergentes, identificar nuevos riesgos y valorar si la normativa existente necesita adaptarse.
Participar en un sandbox, sin embargo, no implica recibir automáticamente una autorización para operar en el mercado. Se trata principalmente de un entorno de experimentación y aprendizaje. En España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) especifica que la participación en el espacio controlado no equivale a una autorización para iniciar una actividad reservada o prestar profesionalmente servicios financieros.
El sandbox financiero en España
España creó su sandbox mediante la Ley 7/2020, de 13 de noviembre de 2020, para la transformación digital del sistema financiero y empezó a funcionar en 2021. No hay un único supervisor para todos los proyectos: intervienen la CNMV, el Banco de España o la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, según la actividad que se quiera probar.
Durante sus cinco primeros años, se presentaron 117 proyectos en diez cohortes y más de cuarenta pudieron probarse en condiciones reales. Detrás de esos números hay propuestas muy distintas: registros distribuidos, inteligencia artificial, identificación biométrica, sistemas de negociación y herramientas para mejorar la transparencia del mercado.
¿Cuáles son las fases de desarrollo de un sandbox regulatorio?
El Gobierno ha propuesto, en una reforma todavía pendiente de tramitación, cambiar las dos convocatorias anuales por una ventanilla abierta de forma permanente. También quiere acortar la evaluación y simplificar el acceso.
Por el momento, cada promotor que entra en una cohorte recorre un mismo itinerario, dividido en cinco etapas que van desde que presenta su idea hasta que, si todo va bien, sale del espacio controlado de pruebas con resultados positivos:
- Solicitud de acceso. Cuando el Tesoro Público publica la Resolución que abre una nueva cohorte, arranca un plazo de 30 días hábiles para que los promotores registren su proyecto en la sede electrónica, junto con una memoria que justifique que cumple los requisitos de acceso fijados en la Ley 7/2020.
- Análisis del proyecto por el supervisor. Cerrado el plazo, entra en juego la autoridad competente según la materia del proyecto —Banco de España, CNMV o DGSFP—, que dispone de un mes (prorrogable a dos) para estudiarlo y decidir, mediante un informe motivado, si lo admite provisionalmente. Solo los proyectos con dictamen favorable siguen adelante, y su listado se hace público.
- Acuerdo del protocolo de pruebas. Antes de arrancar el ensayo, promotor y supervisor tienen que ponerse de acuerdo y firmar un protocolo: el documento que fija hasta dónde llega la prueba, cuánto dura, cuántos usuarios pueden participar, qué garantías hay que activar y en qué casos se puede parar. La ley da un margen máximo de tres meses, desde que se admite el proyecto, para cerrar este acuerdo.
- Ejecución de las pruebas. Con el protocolo firmado, los consentimientos de los participantes recabados y las garantías correspondientes activadas, el proyecto empieza a probarse en condiciones cercanas a las reales. El supervisor designa a alguien que hace seguimiento continuo y puede frenar el ensayo si aparecen riesgos no previstos.
- Cierre y salida del sandbox. Terminado el periodo de pruebas —o antes, si las circunstancias lo requieren—, el promotor puede pedir la autorización necesaria para lanzar ya su actividad en el mercado. También tiene que presentar una memoria con lo aprendido, que el supervisor usa para redactar un informe de conclusiones; ese documento, además, sirve para detectar si hace falta ajustar la normativa vigente.
De la inteligencia artificial al blockchain
La evolución tecnológica está ampliando los posibles usos de estos espacios de pruebas. Algunas de las principales áreas de innovación financiera están relacionadas con:
- Inteligencia artificial: puede aplicarse al análisis de información, la detección del fraude, la gestión de riesgos o el asesoramiento financiero.
- Blockchain y tokenización: permiten explorar nuevas formas de representar, registrar y transferir activos mediante tecnologías de registro distribuido.
- Identidad y seguridad digital: nuevas soluciones pueden facilitar procesos como la identificación de clientes y contribuir a automatizar determinados controles.
- Automatización: tecnologías capaces de simplificar procesos pueden mejorar la eficiencia de entidades y mercados y facilitar el cumplimiento de determinadas obligaciones regulatorias.
Estas tecnologías abren nuevas posibilidades, pero también plantean cuestiones relacionadas con la seguridad, la protección de datos, la transparencia o la protección del inversor.
Los sandbox permiten analizar estos aspectos en un entorno limitado antes de que las soluciones alcancen una escala mayor.