A primera vista, parece una oportunidad perdida.
Aunque los bancos centrales de todo el mundo han ido reduciendo su exposición al dólar estadounidense, en parte como respuesta a las políticas comerciales y al intervencionismo militar del presidente Donald Trump, no parece que el renminbi chino se haya beneficiado demasiado de la creciente impopularidad del billete verde.
Tan solo representa el 2% de las reservas oficiales de divisas, casi el mismo porcentaje que hace una década. No es precisamente el resultado que Pekín habría deseado teniendo en cuenta su ambición, manifestada públicamente, de desafiar el estatus del dólar como moneda de reserva.
Sin embargo, al analizar la cuestión más a fondo, parece que las autoridades chinas no deberían sentirse demasiado afligidas.
En varios aspectos, el renminbi está progresando de forma constante hacia la internacionalización y su avance está reconfigurando silenciosamente el comercio, las finanzas y la inversión globales.
El comercio internacional es uno de los ámbitos en los que se está haciendo notar su presencia. Las cifras oficiales indican que la moneda se ha situado entre las principales divisas cotizadas a nivel mundial. Un informe del Banco de Pagos Internacionales revela que la proporción de las operaciones de divisas denominadas en renminbi alcanzó el 8,5% a finales del año pasado, frente al 7% de cinco años antes.
La divisa china ha reducido su diferencia con la libra esterlina, la cuarta moneda más negociada, y también ha ampliado su ventaja sobre el franco suizo, el dólar australiano y el dólar canadiense.
Divisa de liquidación
Estas mismas tendencias se evidencian en otros ámbitos del sistema de comercio internacional.
El renminbi es la divisa empleada para la facturación y la liquidación de un volumen cada vez mayor de transacciones de China fuera de sus fronteras, sobre todo con exportadores de materias primas, con Rusia y con otros países emergentes.
La proporción del comercio liquidado en esta moneda prácticamente se ha duplicado desde 2019 hasta alcanzar el 34%.
Esta cifra debería seguir aumentando con el desarrollo de la infraestructura de pagos propia y exclusiva de China, el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS, por sus siglas en inglés).
Los volúmenes tramitados a través del CIPS ─concebido como una alternativa a los sistemas de mensajería controlados por Occidente, como SWIFT─ ya han experimentado un rápido crecimiento.
Según la agencia de medios estatal china, el valor de las transacciones liquidadas en renminbi a través del CIPS alcanzó los 920.000 millones de RMB al día en abril, es decir, 135.000 millones de USD, frente a una media de 680.000 millones de RMB al día en 2025.
A medida que vayan incorporándose más bancos al CIPS, los efectos de red facilitarán aún más que el comercio de terceros países vinculado a China se liquide en esta divisa.
Pragmatismo político
Otro factor decisivo en el avance del renminbi es la agilidad política de Pekín. Concretamente, el Gobierno ha ideado un mecanismo que permite aumentar el uso internacional de la divisa sin renunciar a sus preciados controles de capital.
La distinción entre las versiones nacional y transnacional de la moneda china ha sido fundamental para esta estrategia.
Por un lado, la creación de un mercado de renminbi transnacional, con sede en Hong Kong, permite a los inversores y empresas extranjeras realizar transacciones en la divisa china con mayor facilidad. Por otro lado, el acceso internacional a las inversiones en China continental se somete a un control estricto a través de plataformas reguladas como Stock Connect y Bond Connect.
Credibilidad como inversión
Además de en el comercio, el renminbi también está ganando terreno como divisa de inversión gracias a los bajos tipos de interés de China. Actualmente, los bonos denominados en renminbi tan solo representan el 1% de la deuda negociada a nivel internacional, según el Banco Central Europeo.
Pero con el recorte de los tipos oficiales al 1,4% ─muy por debajo de los de la mayoría de los países desarrollados─, el mercado de bonos se ha convertido en un imán para los deudores extranjeros en el último año. Portugal e Indonesia figuran entre los emisores soberanos que han vendido bonos denominados en renminbi en los últimos meses, mientras que las empresas extranjeras también han acudido al mercado en mayor número.
El volumen de bonos panda ─deuda emitida por entidades extranjeras pero vendida en China continental─ aumentó casi un 16% en 2025 y un 97% interanual en el primer trimestre de 2026.
Aunque no se vislumbre su estatus como moneda de reserva, sin duda aumentará su influencia
Pese a todo, existen obstáculos importantes para que el renminbi se convierta en una alternativa de pleno derecho al dólar.
Aunque su transformación en divisa para transacciones internacionales pueda haber sido rápida y relativamente fluida, su avance en otros frentes requerirá más tiempo.
Los controles de capital de China y su impredecible régimen jurídico y regulatorio limitan la medida en que los inversores privados y públicos pueden o desean mantener la divisa como depósito de valor.
Además, el dólar cuenta con el respaldo de un mercado de capitales excepcionalmente grande y líquido, lo cual garantiza su lugar dominante en la facturación del comercio mundial y la financiación transfronteriza.
Aun así, es innegable que el renminbi se ha labrado un papel más influyente en las finanzas internacionales. Ya se ha convertido en el pilar de un sistema paralelo de comercio y liquidación cada vez más utilizado por los bancos centrales y los inversores institucionales como cobertura defensiva en períodos de agitación geopolítica.
Como mínimo, estos avances deberían disminuir el control de EE.UU. sobre el comercio y la financiación comercial globales. Estas mismas tendencias también podrían menoscabar el prestigio internacional de divisas de países desarrollados tales como el yen japonés y la libra esterlina, y podrían suponer un serio desafío para el euro en la financiación del comercio mundial.
Puede que el renminbi nunca llegue a desbancar o ni siquiera a hacer sombra al dólar como moneda de reserva. No obstante, en Pekín, eso no tendría por qué considerarse un fracaso. Un mundo en el que la divisa china se hiciera con una proporción cada vez mayor de las liquidaciones comerciales, la facturación de materias primas y la financiación de los mercados emergentes ya de por sí supondría una profunda renovación de la arquitectura del sistema monetario internacional.