Australia ha sido pionera en este ámbito, pero no es un caso aislado: la tendencia a establecer leyes que prohíban el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, acompañadas de sistemas de verificación de edad más rigurosos, se está extendiendo a nivel internacional.
Hoy día, existe un consenso generalizado sobre los efectos negativos que el uso excesivo de las plataformas digitales puede tener, especialmente entre los jóvenes, aunque no exclusivamente. Sin embargo, persisten dudas sobre la verdadera eficacia de estas prohibiciones, así como sobre su impacto en el mercado publicitario y en la economía de los creadores de contenido.
Prohibición de redes sociales para menores de 16 años: países que están tomando medidas
Como se ha señalado, Australia fue el primer país en introducir esta prohibición para menores de 16 años, el diciembre pasado. Indonesia ha adoptado una legislación similar y varios países europeos avanzan en la misma dirección.
En Francia e Italia se están debatiendo normativas sobre el acceso a las redes sociales, mientras que Irlanda ha puesto en marcha una prueba piloto de un “monedero digital” que las plataformas deben consultar para verificar la edad de los usuarios.
En España, se ha anunciado también la intención de promover una ley especialmente restrictiva, que incluye, entre otros puntos, la prohibición de acceso a las redes sociales para los menores de 16 años.
Además, la normativa prevé que la responsabilidad ante posibles infracciones recaiga sobre los directivos de las plataformas, e introduce nuevas figuras delictivas relacionadas con la difusión de contenidos falsos o ilegales.
La Unión Europea también está evaluando posibles intervenciones. A finales de marzo, la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, intervino en el Parlamento australiano y explicó que, por primera vez, se ha reunido un grupo de expertos para analizar “posibles restricciones”, tomando como referencia el modelo australiano.
Impacto económico de la prohibición
Las leyes son todavía demasiado recientes para poder evaluar su eficacia o su impacto económico. No obstante, ya se pueden identificar algunas pistas.
¿Cuántos usuarios se verían afectados por estas restricciones? Es difícil precisarlo, ya que oficialmente existen límites de edad —en la mayoría de los casos, fijados en 13 años— y solo algunas plataformas publican datos actualizados sobre los usuarios de entre 13 y 17 años. Según estimaciones de Dreamgrow, este grupo representa entre el 6% y el 9% de los usuarios de Instagram y el 14% de los de TikTok.
Sin embargo, es probable que estos porcentajes sean aún mayores, ya que muchos menores logran eludir los controles. De hecho, un informe publicado en febrero de 2025 por el eSafety Commissioner australiano señala que el 80% de los niños de entre ocho y doce años ha utilizado al menos una red social.
La exclusión de estos usuarios, oficiales o no, supone una pérdida significativa de audiencia para las plataformas. Aunque es pronto para determinar el impacto en la facturación, existen algunos estudios relevantes.
Una investigación publicada en la National Library of Medicine estimó que, en 2022, los menores de 17 años generaban aproximadamente el 41% de los ingresos de Snapchat, el 35% de TikTok, el 27% de YouTube y el 16% de Instagram. En el caso de Facebook y Twitter (ahora X), plataformas con un público más adulto, este porcentaje se reducía al 2%.
Cabe destacar, además, que la obligación de implementar controles de edad más estrictos supondría costes adicionales para las plataformas, lo que podría reducir sus márgenes de beneficio.
El impacto económico podría extenderse también a todos los sectores vinculados a las plataformas, desde los medios de comunicación hasta la economía de los creadores. El hecho de que los jóvenes sean menos accesibles podría llevar a las marcas a replantear su estrategia publicitaria y a explorar nuevas vías fuera de las redes sociales
Nuevos hábitos digitales: ¿qué cambia para las plataformas a largo plazo?
Existe también una cuestión de fondo a largo plazo. El crecimiento de las redes sociales y sus perspectivas financieras siempre se han basado en el aumento constante de usuarios, especialmente entre los más jóvenes.
En otras palabras, aunque los menores de 16 años no sean el grupo más numeroso ni el más rentable, resultan fundamentales para la sostenibilidad futura de las plataformas. No solo porque representan nuevos usuarios, sino porque tienden a ser más fieles a la plataforma a lo largo del tiempo. Quien ha utilizado Facebook, Instagram o TikTok en la adolescencia, probablemente seguirá haciéndolo en la edad adulta.
Existe, además, un escenario más extremo, pero no imposible. Si la prohibición resultara efectiva —algo aún por demostrar, dadas las dificultades de control, la permisividad de algunos padres, las cuestiones de privacidad, la diversidad normativa y la posibilidad de eludir los bloqueos mediante VPN—, los jóvenes podrían optar por dos caminos: inscribirse en las redes sociales al cumplir los 16 años o no sentir la necesidad de hacerlo, tras haber desarrollado otros hábitos y espacios digitales durante la infancia y la adolescencia.
Si los Millennials han dado por sentadas las redes sociales y la Generación Z ha crecido con ellas, la Generación Alpha (los nacidos a partir de 2010) podría ser la primera en décadas en encontrarse con barreras de entrada.
¿Será esto un incentivo para dedicar su tiempo a otras actividades?