En lo que los economistas denominan el orden internacional basado en reglas de los años 90 y 2000, EE.UU. se encontraba en una posición envidiable. Si las maquinaciones del “Consenso de Washington” se compararan con las de un partido de fútbol, la mayor economía del mundo sería el jugador más valioso del partido y también su árbitro. Estableció las reglas que mejor se adaptaban a sus capacidades y estilo de juego.
Sin embargo, en un mundo en el que una agrupación más poderosa de países BRICS+ competirá por el poder y la influencia tanto con EE.UU. como con Europa (para más información, véase “BRICS+ y la competencia de las grandes potencias: oportunidades de inversión”), la importancia de Washington en el sistema económico y monetario mundial será mucho menor.
Y quizá la manifestación más visible de su pérdida de influencia sea la erosión constante del estatus del dólar estadounidense como moneda de reserva.
Durante décadas, el billete verde ha sido el medio de cambio, la divisa de inversión y la unidad de cuenta indiscutible en todo el mundo. Todavía representa más de la mitad de las reservas de divisas, la mitad de los pagos mundiales y alrededor del 80% de las operaciones de cambio.
Y, sin embargo, en los últimos años, incluso en periodos de auge de la economía y los mercados bursátiles estadounidenses, el dólar ha experimentado un debilitamiento constante y persistente de su posición. La evidencia es palpable en las reservas de divisas de las instituciones oficiales. Las tenencias de los bancos centrales de activos denominados en dólares han ido disminuyendo.
Los bancos centrales de los mercados emergentes se han situado en la primera línea de esta tendencia –comprensiblemente– mientras EE.UU. reconfigura sus lazos comerciales y políticos. Dicho de otro modo: parece que la imposición por parte de EE.UU. de medidas tales como las sanciones económicas y la congelación de activos, sumada a la amenaza de suspensión de los sistemas de pago SWIFT, han hecho que las reservas en dólares sean mucho menos seguras que en el pasado.
“El nacionalismo económico y el aislamiento son letales para el crecimiento a largo plazo y, sin duda, reducirán el atractivo del dólar entre los inversores internacionales”.
Los beneficiados con la desaparición del dólar
Irónicamente, la estrategia estadounidense de utilizar el dólar y su influencia económica y financiera como arma a través de la imposición de sanciones no ha tenido mucho éxito. La economía de Rusia no se ha hundido pese a haber sido apartada de gran parte del sistema financiero mundial y China, por su parte, ha avanzado considerablemente en la consecución de su independencia tecnológica. El riesgo para EE.UU. en esta delicada coyuntura es que la administración Trump se extralimite a la hora de erigir barreras comerciales y exponga al país a represalias agresivas o a boicots de sus productos. El nacionalismo económico y el aislamiento son letales para el crecimiento a largo plazo y, sin duda, reducirán el atractivo del dólar entre los inversores internacionales.
Otra de las posibles amenazas para la posición mundial del dólar viene de la mano de las criptomonedas. Mientras que las “stablecoins”, que están vinculadas al billete verde en una proporción de uno a uno, deberían impulsar aún más el papel del dólar, el bitcoin y otras monedas digitales podrían convertirse en monedas de reserva de facto, siempre que sean aceptadas, reconocidas o aplicadas universalmente como de curso legal. Aunque hace más o menos un año parecía improbable que se dieran estas circunstancias, la balanza se está inclinando a favor de las criptomonedas. En Suiza, por ejemplo, es probable que pronto se celebre un referéndum para obligar al Banco Nacional Suizo a mantener bitcoins en sus reservas.
Por su parte, el exministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, ha sugerido que el Banco Central Europeo debería tomar en consideración al bitcoin como alternativa al dólar. Entretanto, Rusia y otros países sancionados por EE.UU. han estado utilizando bitcoins minados por ellos mismos para eludir las sanciones occidentales al comercio.
Teniendo en cuenta esta evolución, esperamos que el dólar estadounidense experimente una depreciación sustancial en los próximos cinco años, sobre todo frente al franco suizo, el euro y las divisas emergentes.