En todo el mundo, las sociedades se dirigen hacia un precipicio demográfico. En 1950, la tasa de fecundidad mundial era de aproximadamente cinco niños por mujer. En la actualidad, dicha tasa asciende a unos 2,3, una cifra que apenas supera el umbral de reemplazo de 2,1, y que sigue cayendo. Más de dos tercios de la humanidad vive ahora en países donde la fecundidad ha caído por debajo del nivel de reemplazo. En Corea del Sur, la tasa total de fecundidad se ha reducido a 0,8, el nivel más bajo registrado en la Tierra. China registra una tasa de alrededor de 1,0. En gran parte de Europa, la fecundidad oscila actualmente entre 1,0 y 1,6; en 2024, la media de la UE se situó en un mínimo histórico de 1,34. Incluso en Estados Unidos, un país que, durante mucho tiempo, ha sido una anomalía demográfica entre los países ricos, la tasa se ha reducido a 1,6.
Las consecuencias ya son visibles. La población de China cayó por cuarto año consecutivo en 2025, ya que la brecha entre el número de muertes y el de nacimientos sigue creciendo. De aquí a 2050, se prevé que China perderá alrededor de 1,45 millones de personas de sus 1 400 millones actuales. La población japonesa en edad laboral alcanzó su nivel máximo en 1995, año en el que se situó en 87 millones, y desde entonces ha disminuido un 16%; de aquí a 2060, las previsiones indican que se reducirá otro 31%. En el próximo cuarto de siglo, es posible que 38 naciones con poblaciones de más de un millón de personas cada una experimenten una disminución de la población, frente a las 21 naciones de los últimos 25 años. De aquí a 2050, se espera que la cuota de personas mayores de 65 años en países que registran un descenso de la población casi se duplique, pasando de aproximadamente el 17% al 31%.
Esto significa un menor número de trabajadores para ocupar puestos de trabajo, bases impositivas más bajas para la financiación de pensiones y la atención sanitaria, y una presión cada vez mayor sobre el crecimiento económico. La cuestión es si la tecnología puede ayudar. En concreto, la pregunta que nos debemos plantear es si la automatización y la inteligencia artificial pueden compensar el déficit de trabajadores que la demografía no puede poner a disposición. Los datos históricos sugieren que pueden hacerlo y que, en algunos casos, la escasez de trabajadores es precisamente lo que desencadena la adopción de máquinas que ahorran mano de obra.
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0,8% Tasa de fecundidad total en Corea del Sur: la más baja registrada en la Tierra
«¿Pueden la automatización y la inteligencia artificial compensar el déficit de trabajadores que la demografía no puede poner a disposición?»
Cuando los trabajadores desaparecen, llegan las máquinas
La idea de que la escasez de mano de obra impulsa la mecanización no es nueva. Un ejemplo llamativo proviene del sur de EE. UU.. En 1927, la gran inundación del Misisipi desplazó a cientos de miles de trabajadores agrícolas del Delta de Misisipi. Muchos nunca regresaron. Como han demostrado los historiadores de la economía Richard Hornbeck y Suresh Naidu, los condados que más trabajadores perdieron no se conformaron con una menor producción. En su lugar, los propietarios de tierras introdujeron un mayor número de tractores y otros equipos mecánicos que los condados en los que la fuerza laboral se mantuvo intacta. La escasez repentina de mano de obra convirtió a las máquinas en elementos esenciales.
Una historia similar tuvo lugar en Francia después de la Primera Guerra Mundial. El conflicto mató o diezmó una parte importante de la población masculina en edad de trabajar. Cuando los supervivientes regresaron a casa, la agricultura y la industria francesas se enfrentaron a una severa escasez de mano de obra. La respuesta fue una ola de mecanización e innovaciones destinadas ahorrar mano de obra, un proceso que, de otro modo, habría tardado décadas. Las granjas que habían confiado en la mano de obra manual y la fuerza animal comenzaron a invertir en maquinaria, y los empleadores de todos sectores de la economía recurrieron a costosos métodos para compensar a los trabajadores que faltaban. A pesar de la destrucción que causó la guerra, esta aceleró sin querer la adopción tecnológica eliminando la mano de obra barata que había hecho viables los métodos más antiguos.
Estos episodios comparten una lógica común: cuando la mano de obra es abundante y barata, los empleadores encuentran pocos motivos para invertir en máquinas caras. Cuando la mano de obra se vuelve escasa o costosa, la automatización parece más atractiva. Los incentivos económicos cambian y la tecnología llena el vacío.
Demografía y robots en las economías modernas
La misma lógica se aplica a las transiciones demográficas que se están produciendo en la actualidad. En una serie de destacados artículos, los economistas Daron Acemoglu y Pascual Restrepo han demostrado que existe un fuerte vínculo entre el envejecimiento de la población y la adopción de robots industriales. Los países y regiones cuyas poblaciones envejecen a un mayor ritmo, tienden a incorporar más robots por trabajador. Esta tendencia se observa en un gran número de entornos, que se extienden desde las prefecturas japonesas con mayor número de ancianos hasta los antiguos centros industriales de Europa.
El mecanismo es sencillo. A medida que la población en edad laboral se va reduciendo con respecto a la población general, los salarios que se perciben por realizar tareas rutinarias tienden a aumentar y las empresas tienen dificultades para ocupar puestos. Los robots se están convirtiendo en un sustituto cada vez más atractivo. Acemoglu y Restrepo estiman que la presión demográfica es uno de los factores que mejor predicen la incorporación de robots; en muchos aspectos, es más determinante que las diferencias en la estructura industrial o la exposición comercial. Japón es un buen ejemplo de ello: su población en edad laboral ha ido disminuyendo durante tres décadas y se prevé que de aquí a 2040 sufrirá un déficit de más de 11 millones de trabajadores; actualmente, es una de las economías más robotizadas del planeta.
Sin embargo, hay una salvedad importante. Hasta hace poco, los robots en cuestión se limitaban principalmente a la fabricación. Los robots industriales (aquellos que sueldan, pintan, ensamblan y paletizan) son excelentes para tareas estructuradas y repetitivas en entornos controlados. Una fábrica de automóviles o una planta de semiconductores es su hábitat ideal: diseños fijos, elementos predecibles, variación mínima. Estos robots han transformado la productividad de la industria manufacturera, pero este sector representa una parte cada vez más pequeña del empleo y la producción en la mayoría de las economías avanzadas. En Estados Unidos constituye aproximadamente el 8% del empleo; en el Reino Unido, alrededor del 7%, y menos de la mitad de esos trabajadores trabajan en la planta de producción. La gran mayoría de la economía (y del reto demográfico) reside en el sector de los servicios.
La limitación se está resquebrajando
Esta es la limitación que se está resquebrajando. Durante décadas, la principal limitación de la automatización robótica no era el hardware en sí, sino la percepción y la cognición. Un robot de fábrica puede repetir un movimiento preciso miles de veces, pero no puede reconocer un objeto desconocido, moverse por una sala desordenada ni comprender una petición hablada. Estas son las capacidades necesarias para automatizar los servicios (limpiar una oficina, apilar estanterías de supermercados, ayudar a un paciente, entregar un paquete) y han estado fuera del alcance de la robótica tradicional.
Dos desarrollos están cambiando esto. El primero es el rápido avance de la IA, en particular de los grandes modelos de lenguaje y visión, que dotan a las máquinas de una capacidad parecida a la percepción y el razonamiento para propósitos generales. Un robot guiado por un sistema moderno de IA puede identificar objetos que nunca antes había visto, interpretar instrucciones ambiguas y adaptar su comportamiento a situaciones nuevas. La segunda es la aparición de robots humanoides y de propósito general diseñados específicamente para entornos no estructurados: hospitales, tiendas y, finalmente, ciudades y hogares. Empresas como Tesla, Figure y varios fabricantes chinos compiten por producir robots humanoides que puedan caminar, agarrar y manipular objetos en entornos desordenados y variables que caracterizan la economía de los servicios.
Juntos, la IA y la robótica de última generación prometen extender la automatización a los sectores que, durante mucho tiempo, se han resistido a ello. Si un robot puede limpiar la habitación de un hotel, clasificar paquetes en un centro logístico, ayudar a un enfermero a trasladar pacientes o reponer estantes durante la noche, las mejoras en la productividad derivadas de la automatización ya no se limitan a las plantas de producción. Estas mejoras se dejan sentir en los sectores de la atención sanitaria, la hostelería, el comercio minorista, la logística y el cuidado de la salud, precisamente los sectores en los que la presión demográfica es más grave y en los que el crecimiento de la productividad ha sido más lento.
El potencial que nos espera
Consideremos las cifras. La Federación Internacional de Robótica informa de que el inventario mundial de robots industriales asciende a aproximadamente 4,7 millones de unidades; una cifra impresionante, aunque se limita a una pequeña parte de la economía. Goldman Sachs ha estimado que los envíos de robots humanoides podrían alcanzar los 1,4 millones de unidades al año de aquí a 2035, precisamente porque el sector de servicios es tan amplia y requiere tanta mano de obra. En las sociedades envejecidas, la aritmética habla por sí sola: menos jóvenes que se incorporan en el mercado laboral, más personas mayores que necesitan cuidados y una brecha creciente que el trabajo humano por sí solo no puede cerrar. Japón, donde el agricultor tiene una media de edad de 70 años y el sector de la construcción ofrece 5,6 vacantes por cada solicitante, ilustra lo grave que se ha vuelto la situación.
Nada de esto sucederá de la noche a la mañana. Los robots humanoides siguen siendo caros y sus capacidades, aunque mejoran rápidamente, siguen siendo limitadas en comparación con la adaptabilidad de un trabajador humano. Los marcos normativos para los robots que operan junto a personas en espacios públicos apenas se están empezando a elaborar. Y las consecuencias sociales y políticas de la automatización de los servicios serán significativas, lo que requerirá una gestión cuidadosa.
Pero el camino ya está marcado. La demografía está creando una demanda sustancial. La IA está proporcionando la capacidad. A ello hay que añadir que el patrón histórico, en el que la escasez de mano de obra impulsa la implantación de tecnología, sugiere que las sociedades que envejecen más rápido también pueden ser las que introducen la automatización con mayor rapidez. Es probable que el precipicio demográfico sea uno de los impulsores más potentes de la próxima ola de automatización.
Perspectivas de inversión
por Anjali Bastianpillai, gestor sénior de carteras de clientes, renta variable temática, Pictet Asset Management
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Desde ensamblar automóviles hasta conducirlos, gestionar centros de datos e incluso realizar ─bajo supervisión humana─ procedimientos médicos: los robots están pasando de la ciencia ficción a la realidad. los robots pueden cubrir las carencias en la productividad de sociedades envejecidas.
En particular, vemos un fuerte crecimiento en la demanda de vehículos autónomos, robots humanoides y robots colaborativos. Pero no siempre son los propios robots los que ofrecen las oportunidades de inversión más atractivas. Las empresas que los fabrican son relativamente pocas y muchas de ellas no cotizan en bolsa. Las inversiones más rentables se encuentran entre las numerosas empresas que ponen a disposición la tecnología necesaria para construir el robot desde cero, incluido el hardware y software: unidades centrales de procesamiento, visión artificial, sensores y brazos articulados (o manos mecánicas) y semiconductores.
Como parte de nuestra estrategia en robótica, contamos con empresas que son facilitadoras esenciales de robots humanoides, ya que suministran piezas, tecnologías o software para ellos.