Las inundaciones catastróficas, como la que arrasó Valencia en otoño de 2024, serán cada vez más frecuentes a medida que aumenten las temperaturas globales. Por eso es tan importante encontrar formas de adaptarse (y financiar esa adaptación).
2024 fue el año más cálido registrado y, posiblemente, ha sido el primer año en el que las temperaturas se situaron 1,5 grados centígrados por encima de la temperatura de referencia previa al inicio del calentamiento global. La temperatura de referencia es la media registrada entre 1850 y 1900. Este hecho ya está teniendo un impacto medioambiental, social y económico significativo, como las inundaciones. La incidencia de eventos muy raros que provocan precipitaciones intensas aumentó en un 40% en los 30 años previos a 2013 en comparación con los 30 años previos a 1980 Fischer, EM y R Knutti. Este aumento de las precipitaciones intensas confirma la teoría y los primeros modelos, Nature 2016 , con precipitaciones anormalmente intensas, en especial en los estados meridionales y orientales de EE. UU., en Europa y Asia, y en el sur de África.
A medida que el aire se calienta, es capaz de retener más vapor de agua. En condiciones atmosféricas normales, este vapor se precipita en forma de lluvia, granizo o nieve. Por cada grado de calentamiento, las precipitaciones aumentan entre un 1% y un 3%, y pueden concentrarse en un lugar determinado. En el transcurso de unas horas, puede caer tanta lluvia durante un aguacero intenso como la lluvia que normalmente cae durante semanas o incluso meses, provocando con rapidez inundaciones. La urbanización, la erosión del suelo, la falta de vegetación y árboles, la destrucción de humedales y llanuras inundables capaces de absorber un rápido aumento del volumen de agua contribuyen al riesgo de inundaciones.
Dado que los avances en materia de mitigación del cambio climático han sido insuficiente hasta ahora, es razonable suponer que las temperaturas medias subirán al menos 2 grados por encima de la temperatura de referencia de aquí a finales de este siglo. Por ello, es necesario centrar la atención en la adaptación.
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático señala que las medidas de protección contra inundaciones pueden ser especialmente eficaces, lo cual no sorprende teniendo en cuenta que el control de las inundaciones tiene una larga historia. https://www.ipcc.ch/assessment-report/ar6/
Estas medidas podrían incluir más superficies porosas en las ciudades, programas de plantación para proteger el suelo y permitir que absorba más agua, la reintroducción de humedales, la creación de depósitos subterráneos con capacidad para absorber grandes cantidades de agua en periodos cortos. Estas y otras medidas se han aplicado con éxito en ciudades con tendencia a sufrir inundaciones instantáneas, como Singapur, Róterdam y Tokio.
Los gobiernos son cada vez más conscientes de la necesidad de adaptación. Una proporción creciente de la financiación climática se está asignando a adaptación: según la OCDE, en 2016, se destinaron 10 000 millones de USD, frente a 42 000 millones de USD para mitigar los efectos. En 2022, esas cifras ascendían, respectivamente, a las siguiente cantidades: 32 000 millones de USD, una cantidad tres veces mayor, y 70 000 millones de USD, un aumento proporcionalmente menor de 1,6 veces. Y es probable que esa tendencia continúe.
Una investigación reciente realizada por Pictet en colaboración con el Instituto de Finanzas Internacionales destaca la gran brecha entre la inversión real y lo que se necesita para alcanzar las cero emisiones netas. Por ejemplo, para alcanzar las cero emisiones netas a mediados de este siglo, la relación entre la inversión en energía baja en carbono y en combustibles fósiles debe aumentar de 2:1 a aproximadamente 7:1 de aquí a 2050. Esto significa que, a finales de esta década, la inversión climática deberá aumentar en hasta 8000 millones de USD al año.
Pero, aunque los países ricos buscan y aplican soluciones a riesgos como las inundaciones, los países más pobres, que son mucho más vulnerables a eventos catastróficos debido a la falta de infraestructuras y al desplazamiento de poblaciones a tierras marginales, no cuentan con medios. Este punto es especialmente injusto dado que las emisiones de estos países de gases de efecto invernadero por capital son mucho más bajas.
Desafortunadamente, la mayor parte de la financiación destinada a la mitigación y adaptación climáticas se dirige a países con una buena capacidad institucional y, por tanto, tienen mayores posibilidades de asignar el dinero de forma eficaz. Pero estos no suelen ser los países más pobres con las mayores necesidades. La preocupación de los países ricos por la posible malversación de fondos los hace reacios a ayudar financieramente a los más necesitados. La cuadratura de este círculo es un reto complejo.
También existe la cuestión de la mala adaptación. Algunas estrategias de adaptación causan otros daños o no son rentables. Así, por ejemplo, la construcción de infraestructuras de hormigón como, por ejemplo, vertederos o canales de emergencia podría causar importantes daños medioambientales y aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero de forma desproporcionada en comparación con el bien que hace.
El aumento de las inundaciones, causado por el incremento de las temperaturas, demuestra la necesidad de mirar más allá de las estrategias de mitigación y destinar también recursos a la adaptación. Este aspecto no es solo un problema para los mercados emergentes. Las economías desarrolladas también se ven obligadas a reconocer la importancia de este enfoque. Aunque la planificación y la implementación varían, se han registrado progresos. Por ejemplo, el Consejo Federal de Suiza adoptó un plan de adaptación al clima en 2012. El aumento de la financiación destinada a la adaptación en los países desarrollados es un signo de esperanza.
Un problema clave es la insularidad con la que se persiguen las políticas de adaptación. La financiación tiende a favorecer las prioridades locales: es probable que la voluntad de invertir masivamente en estrategias de adaptación en el extranjero disminuya. Es posible que el mundo se vuelva más fragmentado y regional en lo que respecta a la financiación de la mitigación y la adaptación.
Perspectivas de inversión
por Jennifer Boscardin-Ching, gestor sénior de carteras de clientes, renta variable temática, Pictet Asset Management
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La mitigación y la adaptación climáticas no se excluyen mutuamente, ya que son enfoques sobre el cambio climático que se complementan. Por tanto, las soluciones de adaptación siempre han formado parte del universo de inversión de la estrategia Global Environmental Opportunities, complementando los esfuerzos de mitigación para abordar el cambio climático.
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Las soluciones de adaptación cuentan con una base amplia y afecta a varios temas y sectores medioambientales, como las energías renovables (redes inteligentes), la eficiencia energética (eficiencia industrial y de los edificios), la gestión del agua (suministro y tecnología del agua) y el control de la contaminación (consultoría medioambiental).
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Actualmente, la mayor parte de la financiación de la adaptación procede de los gobiernos y los consumidores, con una escasa inversión empresarial, a pesar del grado de concienciación. Esta brecha presenta una oportunidad de crecimiento para inversores, ya que las empresas tendrán que tomar medidas proactivas y pasar a la acción para proteger sus activos frente al aumento del riesgo climático.