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Por qué a las empresas y sus inversores les debería importar la resiliencia corporativa

Sostenibilidad 6 min. de lectura
El concepto de resiliencia nunca había tenido tanta importancia para las empresas y sus accionistas, afirma el profesor Garry Peterson, uno de los investigadores líderes en resiliencia y transformación.

El concepto de resiliencia, es decir, la capacidad de una organización o empresa para hacer frente a circunstancias extremas, está ganando relevancia en círculos académicos y políticos, así como en cuestiones medioambientales. Pero, al tomar sus decisiones, las empresas y sus accionistas han tardado en aplicarlo.

En Stockholm Resilience Centre, definimos la resiliencia como la capacidad de un sistema, ya sea una empresa o una cartera de inversiones, para resistir la disrupción, adaptarse en situaciones de presión y seguir evolucionando.https://www.stockholmresilience.org/research/research-news/2015-02-19-what-is-resilience.html

La resiliencia no es solo una palabra de moda. En el volátil mundo actual, la mentalidad resiliente es fundamental para la comunidad empresarial y financiera, ya que ofrece un enfoque prospectivo de la inversión: una forma de evaluar la volatilidad, descubrir pasivos ocultos e identificar estrategias que creen valor duradero.

La resiliencia no es una partida del balance ni una calificación en un cuadro de mando ESG (medioambiental, social y de gobierno corporativo). La resiliencia no significa preguntarse si, sobre el papel, algo es ecológico: implica evaluar el rendimiento de ese negocio, división o inversión en un mundo volátil caracterizado por su volatilidad e incertidumbre.

La resiliencia es la diferencia entre un negocio que resiste las crisis y uno que se derrumba. Es lo que determina si una cartera sigue generando rentabilidad cuando las olas de calor colapsen centros de datos, las inundaciones cierren aeropuertos o los incendios forestales interrumpan las cadenas de suministro.

Un sistema resiliente absorbe los impactos, se adapta y encuentra formas de transformarse en respuesta a nuevas condiciones. Para las empresas y sus inversores, la pregunta es obvia: en tiempos convulsos, ¿mantendrá este activo su valor o lo perderá?

Cómo evaluar la resiliencia

Los investigadores socioecológicos han identificado un conjunto de principios para crear resiliencia institucional.https://www.resalliance.org/resilienceA partir de estos principios, el siguiente marco puede ayudar a las empresas y a sus accionistas a adoptar un enfoque de resiliencia y evaluar la resiliencia de una empresa o una cartera.

Gráfico de exposición a las crisis: los peligros climáticos no son hipotéticos. En 2022, una grave sequía afectó al Rin, que dejó varadas las barcazas e interrumpió el tráfico de mercancías. Los incendios que azotaron Los Ángeles este año destruyeron millones de hogares y sacudieron al sector de los seguros. Estos eventos son previsiones de lo que está por venir. El análisis espacial de alta resolución que combina previsiones climáticas y ecológicas con datos relativos a los activos puede revelar riesgos materiales para el rendimiento de la empresa y la inversión.

Análisis de las dependencias ocultas: todas las empresas confían en sistemas críticos: agua, electricidad, transporte y gobierno Una fábrica puede resultar rentable hasta que se descubre que depende de un acuífero en declive, de un centro de datos conectado a una red sobrecargada o del comercio libre de aranceles. Las dependencias ocultas suelen ser pasivos sin precio. Comprenderlas es tan importante como evaluar el propio activo.

Seguimiento de variables ambientales de movimiento lento: La resiliencia del sistema está formada por cambios graduales que a menudo se ignoran: el hundimiento costero, el abandono de tierras rurales, la proliferación de especies invasivas o la erosión de la capacidad institucional. A menudo, estos cambios pasan desapercibidos hasta que ocurre un evento inesperado o inusual, como los incendios forestales de Maui en 2023, que destruyeron gran parte de Lahaina, la antigua capital del Reino de Hawái y un importante centro turístico. La vigilancia de estas variables permite anticiparse a los inminentes umbrales antes de que desencadenen grandes pérdidas.

Busque señales de inestabilidad: Los sistemas suelen mostrar señales tempranas de advertencia antes de que se produzcan cambios bruscos. Los lagos tardan más en limpiarse cuando las algas han florecido; las praderas se llenan cada vez más de extensos parches de tierra desnuda; y las poblaciones de peces muestran ciclos de crecimiento y caída más grandes. Las empresas muestran patrones similares: una mayor variabilidad en la producción, una recuperación más lenta de las crisis y un aumento sostenido en la rotación de personal pueden indicar una erosión de la resiliencia.  Es posible que las inversiones que tardan más en recuperarse tras un evento disruptivo se estén aproximando a un punto de inflexión.

Evaluar la agilidad institucional: La resiliencia depende de las personas y del gobierno. Las empresas que aprenden, experimentan y se adaptan pueden reasignar recursos y adaptar sus estrategias cuando las condiciones cambian. Es posible que las empresas con rutinas rígidas obtengan beneficios a corto plazo, pero, a menudo, sus balances no son capaces de soportar nuevos tipos de turbulencias.

Evaluar la gestión de la naturaleza: Todas las empresas dependen de los recursos naturales: cuencas hidrográficas, suelos, bosques y polinizadores. Algunas empresas consideran estos recursos como activos depreciables y los someten a degradación, lo cual aumenta tanto los riesgos físicos (por ejemplo, interrupciones en el suministro) como los riesgos de transición (por ejemplo, sanciones reglamentarias o pérdida de reputación). Otras reinvierten activamente en sus bases ecológicas, reduciendo el riesgo e identificando nuevas oportunidades. El rendimiento financiero a largo plazo de una inversión dependerá cada vez más de si está protegiendo su base de capital natural o actuando en su detrimento.

Aquellas que consideran que la resiliencia no es solo un eslogan, sino una disciplina de la gestión empresarial que tiene trascendencia en la toma de decisiones de inversión, no solo sobrevivirán a las próximas crisis, sino que también contribuirán a construir una base próspera.

El imperativo de la resiliencia

La huella medioambiental de la humanidad ha crecido con extrema celeridad en los últimos 200 años, y el desarrollo tecnológico ha introducido con éxito una serie de cambios en el planeta para satisfacer las crecientes demandas de la población. 

Sin embargo, ahora está claro que los beneficios obtenidos de este progreso han tenido un coste para el mundo natural. 

Dicho esto, la misma capacidad innovadora que nos ha llevado a la situación actual también puede sacarnos de ella, siempre que se dirija hacia soluciones que mejoren el bienestar del ser humano y, al mismo tiempo, fortalezcan los ecosistemas que sustentan las economías.

Y aquí es donde la resiliencia, el enfoque que promueve la innovación, puede ser de gran ayuda.

Ya están surgiendo ejemplos de soluciones de resiliencia innovadoras: la agricultura regenerativa que mejora la fertilidad del suelo, reduce la dependencia de insumos costosos y produce alimentos más saludables; la infraestructura ecológica urbana que enfría las ciudades, gestiona las inundaciones, crea espacios para que las personas conecten con la naturaleza y, al mismo tiempo, aumenta el valor de las propiedades circundantes; instalaciones solares que mejoran los hábitats de los polinizadores, manteniendo la producción de alimentos, la biodiversidad y generando energía limpia; restauración de manglares y humedales que protegen los activos costeros de las tormentas, al tiempo que sostiene la pesca y almacena carbono; y nuevos bancos de agua que garantizan agua limpia pa}ra las ciudades al financiar una gestión sostenible de la tierra y la recarga de acuíferos.

El pensamiento resiliente puede servir de orientación para realizar inversiones, reducir los riesgos, desbloquear nuevas fuentes de ingresos y fortalecer los cimientos empresariales, sociales y ecológicos del rendimiento de la cartera a largo plazo.

Aquellos que no reducen la resiliencia a un mero eslogan, sino que la consideran una disciplina de la gestión empresarial y la toma de decisiones de inversión (seguimiento de señales, reasignación de capital y ajuste de estrategias a medida que cambien las condiciones) no solo sobrevivirán las próximas crisis, sino que ayudarán a crear una base próspera.