¿Por qué baja la bolsa? Las causas importan tanto como los números
Cuando "la bolsa cae", lo primero que hay que preguntarse no es cuánto, sino por qué. No todas las caídas tienen la misma naturaleza ni el mismo recorrido:
- Deterioro de los fundamentales económicos. Cuando los beneficios empresariales caen, el desempleo sube o el PIB se contrae, los mercados lo descuentan antes de que los datos sean oficiales.
- Cambios en las condiciones financieras. Una subida de tipos de interés encarece el crédito y hace menos atractiva la renta variable frente a los bonos. Los mercados reaccionan y, a veces, lo hacen con brusquedad.
- Exceso de optimismo y burbujas especulativas. Cuando los precios de los activos se alejan de su valor real, la corrección es solo cuestión de tiempo. Ocurrió con las puntocom en el año 2000 y con las hipotecas subprime en 2008.
- Shocks y crisis inesperadas. También llamadas “cisnes negros”, son completamente imprevisibles. Son eventos como guerras, pandemias o quiebras sistémicas que nadie anticipaba. Por ejemplo, la crisis de la COVID-19 hundió el S&P 500 un 34% en tan solo 33 días.
Entender qué escenario está detrás de una caída (generalmente, son varios los que ocurren al mismo tiempo) es el primer paso antes de tomar la decisión de invertir en bolsa. Pero no es lo único que importa. También es importante saber cuánto está cayendo el mercado, porque no todos los descensos tienen las mismas implicaciones.
No todas las caídas son iguales: aprende a distinguirlas
- Retroceso. Un mercado o activo cae hasta un 10% desde sus máximos recientes. Es la corrección más frecuente y, en la mayoría de los casos, significa que el mercado se está tomando un descanso después de una subida.
- Corrección. La caída supera el 10% y llega hasta el 20%. Aunque puede generar inquietud entre los inversores, sigue formando parte del comportamiento normal de los mercados y suele servir para ajustar valoraciones excesivamente optimistas.
- Mercado bajista. Cuando la caída supera el 20% y se prolonga en el tiempo, como ocurrió en 2008 o durante el estallido de la burbuja puntocom, se produce un periodo de mucha incertidumbre.
El tiempo de recuperación y el perfil de riesgo varían en cada caso. Un retroceso puede olvidarse en semanas; una corrección, en meses. Pero cuando los mercados entran en territorio bajista, las reglas cambian. Y también surgen las oportunidades.
De la caída a la recuperación en un mercado bajista
Los datos históricos de índices como el S&P 500 nos revelan que los periodos de pérdidas han sido históricamente más cortos y menos intensos que los periodos de recuperación y crecimiento.
De nuevo, el caso de la reciente pandemia del coronavirus es el más pedagógico de la historia reciente. Por ejemplo, quien compró acciones de Amazon en marzo de 2020 vio triplicada su inversión en menos de 18 meses. Incluso quien simplemente no vendió durante los momentos de pánico en las caídas, recuperó todo lo perdido en menos de seis meses.
Esto no significa que toda caída sea seguida de una recuperación instantánea. Hay que tener muy en cuenta la naturaleza de la caída que hemos visto en el apartado anterior.
Entonces, ¿hay que invertir cuando baja la bolsa?
Cuando cunde el pánico en los mercados, los precios de los activos se sitúan por debajo de lo que realmente valen. Esa diferencia entre el precio al que puedes comprar y el valor real de lo que compras es, históricamente, donde se generan las mejores oportunidades de inversión. Si queremos invertir en estos momentos, debemos considerar algunas variables:
Lo primero a considerar es el horizonte temporal. Un inversor con un horizonte de diez o más años puede asumir que el tiempo trabaja a su favor, porque los datos históricos respaldan sistemáticamente la recuperación de los mercados a largo plazo. Un inversor con horizonte de doce meses, en cambio, está asumiendo un riesgo muy distinto: puede coincidir con la recuperación o con la continuación de la caída.
La segunda es la naturaleza de la caída. Como hemos visto, entrar en una empresa sólida que ha caído por un shock externo tiene un perfil de riesgo muy diferente a entrar en activos que aún podrían estar sobrevalorados y apenas han comenzado a corregir.
Por último, la forma de invertir importa tanto como el momento. Entrar de forma gradual, en lugar de hacerlo todo de golpe, puede ayudar a reducir el riesgo de invertir en un momento desfavorable sin renunciar a las oportunidades que puedan surgir durante las caídas del mercado.
Invertir en bolsa también requiere gestionar las emociones
Conocer los datos y entender el contexto es necesario, pero no suficiente. Cuando los mercados caen, entran en juego las emociones, y estas suelen empujar en direcciones extremas y podemos sentir la necesidad de invertir a toda prisa convencidos de que es una oportunidad irrepetible.
Las decisiones tomadas desde el miedo o la euforia rara vez coinciden con la estrategia que cada inversor había trazado. Por eso, vale la pena analizar en qué estado emocional estamos tomando esa decisión.
El mejor momento para invertir es cuando se tiene un horizonte temporal suficiente, una estrategia clara y la disciplina para mantenerla. Las caídas de la bolsa son una buena oportunidad de entrada, pero no la única. Y en cualquier caso, lo que más determinará los resultados de inversión en los próximos años no será el timing de entrada, sino la calidad de la asignación estratégica: qué activos, en qué proporciones y con qué visión de largo plazo.
Las caídas son una oportunidad, pero solo para quienes ya estaban preparados para aprovecharlas. Ello requiere conocimientos, tiempo y disciplina, que conviene confiar a un profesional de la inversión, capaz de identificar los momentos oportunos y guiarnos mediante los productos financieros adecuados.