8 consejos para construir un patrimonio sólido de cara a la jubilación

Mercados e inversiones 5 min. de lectura
El interés por la planificación financiera a largo plazo ha crecido notablemente en los últimos años, gracias a una mayor accesibilidad a la información y a una mayor conciencia sobre la importancia de preparar el futuro con antelación.

Construir un patrimonio de cara a la jubilación no consiste en dar con una inversión milagrosa. Requiere paciencia y disciplina sin caer en errores que nos pueden hacer perder tiempo, dinero y oportunidades de crecimiento. Repasamos en este artículo ocho ideas prácticas que, aplicadas con constancia, pueden ayudar a construir un patrimonio sólido de cara a la jubilación: 

1. Empieza a invertir lo antes posible

A la hora de prepararnos para la jubilación, empezar pronto puede marcar una gran diferencia. El interés compuesto hace que el tiempo juegue a favor del ahorro, permitiendo que las ganancias generadas se sumen al capital y sigan creciendo.

Por ejemplo, suponiendo una rentabilidad media anual del 5%, una persona que aporte 200 euros al mes desde los 30 hasta los 65 años acumulará alrededor de 227.000 euros. En cambio, otra que comience a los 45 años tendrá que aportar más del doble cada mes para alcanzar una cifra similar al llegar a los 65. Este ejemplo es únicamente orientativo, ya que la rentabilidad de las inversiones no está garantizada y puede variar a lo largo del tiempo, pero da a entender el potencial del interés compuesto.

2. Pon una cifra a tu objetivo

Es más útil establecer un objetivo concreto a la hora de comenzar a ahorrar para nuestra jubilación. Para ello, podemos estimar qué nivel de ingresos necesitaremos durante esa etapa y qué parte podrá estar cubierta por la pensión pública u otras fuentes de ingresos. La diferencia nos permitirá aproximarnos a la cantidad que necesitaremos complementar con nuestro patrimonio.

Tener una cifra de referencia permite determinar cuánto conviene ahorrar periódicamente y qué nivel de riesgo puede ser razonable asumir en función del plazo disponible.

Ese objetivo no es inamovible. Conviene revisarlo cada cierto tiempo y adaptarlo a los cambios en los ingresos, las circunstancias personales, las expectativas de jubilación y el contexto económico, ya que, por ejemplo, es muy importante tener en cuenta la inflación.

3. Diversifica, pero con criterio

Poner todos los ahorros en un solo activo, sector o país puede aumentar el riesgo, ya que cualquier comportamiento negativo de esa inversión afectaría a la totalidad del patrimonio invertido. Una cartera bien estructurada suele diversificar combinando diferentes tipos de productos y clases de activos, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de cada persona, así como su horizonte temporal.

4. Entiende bien cómo tributan los vehículos de ahorro en España

Los planes de pensiones, los fondos de inversión y otros vehículos de inversión pensados para el largo plazo no tributan igual. Conocer esas características y diferencias puede suponer un impacto significativo en el patrimonio acumulado.

Y como la normativa cambia con cierta regularidad en España, merece la pena revisar las regulaciones vigentes antes de decidirse por uno u otro. 

5. Presta atención a las comisiones

Una diferencia de apenas un punto porcentual en las comisiones anuales puede acabar teniendo un impacto importante en el patrimonio acumulado, especialmente cuando se mantiene durante veinte o treinta años.

Comparar las comisiones de gestión, custodia y suscripción entre productos es una de las acciones que mejor relación ofrece entre el esfuerzo financiero que requieren y el beneficio que pueden aportar a tu inversión para la jubilación. Y no basta con revisarlas en el momento de contratar un producto, también es importante seguir controlándolas a lo largo del tiempo.

6. Automatiza las aportaciones

Domiciliar una cantidad fija cada mes convierte en rutina un proceso que puede olvidarse o ser tedioso. Además, invertir periódicamente permite realizar compras en distintos momentos y niveles de mercado, evitando concentrar todas las aportaciones en un único punto de entrada.

Es lo que se conoce como dollar cost averaging, y funciona sobre todo porque elimina la tentación al inversor de intentar adivinar el mejor momento para entrar.

7. Ve ajustando el riesgo de tus inversiones

El nivel de riesgo de una cartera no tiene por qué mantenerse igual durante toda la vida. El horizonte temporal es uno de los factores que deben tenerse en cuenta al decidir cómo distribuir el patrimonio. Cuanto más lejos queda la jubilación, mayor margen existe para afrontar las fluctuaciones de los mercados. Y cuando se acerca el momento de utilizar el dinero, ese margen se reduce.

Por eso, la composición de la cartera puede ir adaptándose con el paso de los años y con los cambios en las circunstancias personales. El objetivo es que el nivel de riesgo asumido sea coherente con el tiempo disponible para invertir y con las necesidades previstas en cada etapa.

8. No dejes que un mal mes en bolsa decida por ti

Las caídas de mercado no son una excepción dentro de la inversión a largo plazo, son parte del camino. El problema suele ser el comportamiento del inversor respecto a estas rachas negativas. Tomar decisiones precipitadas como reacción a una caída puede llevar a pérdidas y dificultar el cumplimiento de los objetivos establecidos a largo plazo. La volatilidad es parte del proceso de inversión y aprender a convivir con ella es importante cuando el horizonte es de varias décadas.

Revisar la estrategia una vez al año, para comprobar que sigue teniendo sentido con tus objetivos, es una buena costumbre. Cambiarla cada vez que ocurre una noticia alarmante es dejarse llevar por el miedo.

Antes de destinar todo el ahorro a inversiones a largo plazo, es conveniente tener en cuenta que debemos disponer de cierta liquidez para afrontar gastos imprevistos, de modo que no estemos obligados a vender nuestras inversiones a perdida en un momento desfavorable del mercado.

Construir un patrimonio de cara a la jubilación exige sobre todo tiempo y constancia. Empezar pronto, diversificar con criterio, vigilar las comisiones y mantener la estrategia también en los momentos de mayor incertidumbre puede marcar una diferencia importante a largo plazo.