Curiosamente, el universo de los fondos de inversión funciona de manera muy similar: detrás de cada producto financiero hay un equipo diverso, coordinado y apasionado, trabajando para ofrecer el mejor resultado posible a los comensales, es decir, a los inversores.
El depositario/custodio: la nevera
En toda cocina, la nevera es el lugar donde se guardan los ingredientes más valiosos y delicados, asegurando que estén frescos y en perfecto estado hasta el momento de ser utilizados. En los fondos de inversión, el depositario o custodio cumple exactamente esa función: salvaguarda los activos del fondo, garantizando su seguridad y disponibilidad cuando el gestor los necesite.
El gestor: el chef principal
El gestor del fondo es como el chef que lidera la cocina. Es quien decide qué ingredientes (activos) utilizar, maneja los tiempos y las temperaturas (estrategias y plazos), y determina el momento exacto para añadir cada elemento a la receta. Su experiencia y olfato marcan la diferencia entre un plato mediocre y una obra maestra.
El director de inversiones: el jefe de cocina
Por encima del chef está el jefe de cocina, quien supervisa todo el proceso y tiene la última palabra sobre los platos que se sirven. En los fondos de inversión, el director de inversiones cumple este rol, asegurándose de que la estrategia general se respete y que cada fondo mantenga la calidad y coherencia que los clientes esperan.
El departamento legal: el inspector sanitario
Ningún restaurante puede funcionar sin pasar las inspecciones sanitarias. El departamento legal es ese inspector que revisa que todo esté en regla, que se cumplan las normativas y que no haya sorpresas desagradables que puedan poner en riesgo la reputación del restaurante (o del fondo).
El departamento de control de riesgos y el inspector de sanidad
En la cocina, los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento. Los responsables de control de riesgos así como los inspectores de sanidad son quienes tienen siempre a mano el extintor, preparado para actuar si surge un incendio o cualquier otro peligro. En los fondos, este equipo identifica, mide y controla los riesgos, evitando que una mala decisión arruine el menú.
El gestor de volatilidad: el sumiller
El sumiller es el experto en vinos y especias, capaz de equilibrar sabores y aromas para que cada plato brille. El gestor de volatilidad cumple una función similar: cuida la “bodega” del fondo, seleccionando activos que aporten equilibrio y sabor, y manejando las “especias” (derivados, coberturas) con maestría.
Middle office y operaciones: el encargado de compras y logística
Nada funcionaría sin quien se encarga de abastecer la despensa y asegurar que los ingredientes lleguen en buen estado y a tiempo. El equipo de middle office y operaciones controla el flujo de compras y ventas, garantizando que todo lo que entra y sale del fondo esté en perfectas condiciones y bien documentado.
La gestora de retorno absoluto: la repostera de precisión
En la cocina, la repostería es un arte de precisión milimétrica. La gestora de retorno absoluto es esa repostera que domina las masas con levadura, crea texturas sorprendentes y mide cada gramo con exactitud, buscando siempre el equilibrio perfecto entre riesgo y rentabilidad.
Confeccionar el menú de un restaurante —o la estrategia de un fondo— requiere tiempo, dedicación y el cariño de muchas personas. Cada plato, cada inversión, es el resultado de un trabajo en equipo donde la coordinación y la pasión son ingredientes imprescindibles.
Así, la próxima vez que pienses en invertir en un fondo, imagina que te sientas a la mesa de un gran restaurante: detrás de cada decisión, hay un equipo de profesionales cocinando el mejor resultado para ti.
Fuente: libro 'Mi primer fondo de inversión' de la Fundación María Jesús Soto. Escrito por Juan Ramón Caridad, Head of Key clients de Pictet Asset Management y María Jesús Soto.