¿Por qué Europa está apostando por los semiconductores? El mundo empresarial se vuelca en la industria del futuro

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Mientras la industria de los semiconductores capitanea las bolsas del mundo, el sector está en pleno crecimiento y Europa ha puesto el foco en ella para reducir su dependencia del exterior y tener su hueco en el mundo tecnológico actual.

Los semiconductores están cobrando cada vez más importancia en el mundo. Estos materiales, que pueden actuar como conductores o aislantes de corrientes eléctricas en función de los factores físicos a los que se expongan, son parte esencial del proceso de fabricación de multitud de dispositivos electrónicos esenciales.

Los variados compuestos químicos que los conforman tienen la ventaja y la capacidad de modular la corriente eléctrica de acuerdo a los patrones necesarios. De esta manera, la dualidad que poseen los materiales, entre los que se encuentran algunos de los más sonados como el silicio o el germanio, es fundamental para la creación de ordenadores, teléfonos móviles y aparatos médicos, entre otros muchos dispositivos.

Los semiconductores, además de tener flexibilidad en sus aplicaciones y multitud de usos, son el componente básico en la fabricación de chips y circuitos integrados. Además, la reciente escalada de la Inteligencia Artificial también contribuye a la importancia de los semiconductores en el panorama económico y global, ya que son clave para optimizar su proceso de diseño y fabricación. Asimismo, el sector también tiene mucho que decir a la hora de hablar de una megatendencia tan destacada como la descarbonización de la economía.

Los semiconductores, la pieza fundamental de la transición verde

Pese a que cuando pensamos en la economía verde nos vienen a la mente compañías de energías renovables, lo cierto es que las empresas de semiconductores también se ven ampliamente beneficiadas por la tendencia sostenible y la descarbonización de la economía.

En base a los datos extraídos por la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y por el informe World Energy Outlook (WEO), se prevé que, de cara a 2030, “las tecnologías limpias desempeñarán un papel significativamente mayor que en la actualidad”, con diez veces más de coches eléctricos por las carreteras del mundo y con una participación de las renovables en la matriz eléctrica mundial de cerca del 50%, un 20% más que en la actualidad. Ante esta transición hacia la energía eléctrica y renovable, que busca alcanzar las cero emisiones netas en el futuro, los semiconductores son una pieza clave.

“Los semiconductores son una pieza fundamental para los coches eléctricos, para la electrificación de la economía y para la optimización de la producción de energía eólica y solar. En la producción eléctrica sostenible se desperdicia el 70% de la energía generada y hay semiconductores que se utilizan para la rectificación de corriente continua a alterna, que mejoran el rendimiento”, destaca Manuel Fernández Losa, cogestor del fondo Clean Energy Transition de Pictet Asset Management en una entrevista para el medio Cinco Días. En su intervención, el experto añade además que en el vehículo de inversión de la gestora están muy centrados en las empresas de baterías, muy importantes para este ecosistema, y en compañías que utilizan carburo de silicio, “un material nuevo que es más eficiente energéticamente, algo fundamental en los coches eléctricos”.

Europa quiere formar parte de este sector de grandes cifras

La industria de los semiconductores, que facturó en el año 2023 más de 500.000 millones de dólares y que lideran algunos países asiáticos y Estados Unidos, encuentra su máxima expresión en empresas de la talla de TSMC, Nvidia, Broadcom o AMD, entre otras.

De hecho, según cifras de la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA) la creciente demanda de semiconductores generará una inversión de 2,3 billones de dólares (alrededor de 2 billones de euros) para su fabricación entre 2024 y 2032.

Ante la gran dependencia de estos materiales y de sus cadenas de suministro (un hecho que quedó más que evidenciado con la crisis Covid-19), así como la oportunidad de negocio que entraña el sector, no es de extrañar que la fabricación de semiconductores haya captado la atención de Europa. El ‘viejo continente’ quiere subirse a la ola tecnológica actual y reducir su extrema dependencia de los semiconductores extranjeros.

La Ley Europea de Chips, que entraba en vigor en el mes de septiembre de 2023, es buena prueba de ello. La Comisión Europea (CE) está invirtiendo bajo este marco regulatorio 43.000 millones de euros para reforzar su participación en el mercado mundial de semiconductores. “En un mercado de rápido crecimiento, la UE se ha fijado el ambicioso objetivo de duplicar su participación de mercado actual al 20% en 2030. La ley de chips aprovechará las fortalezas de Europa y abordará las debilidades pendientes para lograr un ecosistema de semiconductores próspero y una cadena de suministro resiliente”, destacaba un portavoz de la CE en el medio Cinco Días.

Los retos de Europa en materia de semiconductores

La ambiciosa carrera europea por un puesto en el pódium de la industria de los semiconductores no está exenta de retos y obstáculos. La producción de esta clase de tecnología es compleja y requiere plantas de fabricación especializadas, materiales apropiados y una fuerza laboral preparada.

Mientras la EU Chips Act apuesta por esta industria con algo más de 40.000 millones de euros, la Ley de Chips y Ciencia de Estados Unidos está dotada con una inversión de más de 280.000 millones de dólares, de los cuales alrededor de 52.000 millones están destinados a la producción local de semiconductores. Por su parte, China, otro de los gigantes y competidores en el sector, ha anunciado una inversión de casi 45.000 millones de euros para continuar con su expansión en el segmento de los semiconductores.

Por ello, los expertos destacan que, un año después de la aprobación de la ley europea, esta carrera por los semiconductores sigue estancada en el viejo continente y adolece de falta de coordinación y contextualización geopolítica actual. “En Europa carecemos de una política común que desarrolle proyectos tractores, que fomente el tejido empresarial que ya existe y que, en paralelo, incorpore inversiones que vengan de fuera. Si no es así, es imposible llegar a ese 20% marcado para dentro de seis años”, resalta el director de la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (Aesemi), Alfonso Gabarrón, en una entrevista con El Español.

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