Qué se decidió (y qué no) en la COP30

Inversión sostenible 3 min. de lectura
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha reafirmado el objetivo de los Acuerdos de París, pero no ha definido una hoja de ruta clara para el abandono de los combustibles fósiles. Aunque se han logrado algunos avances, persisten importantes carencias. Este es el balance de la COP30, celebrada del 10 al 21 de noviembre en Belém, Brasil.

El principal avance ha sido la aprobación unánime de la Global Mutirao Decision, un documento que, entre otros puntos, reconoce que los compromisos actuales son insuficientes para alcanzar el gran objetivo de las COP, establecido en los Acuerdos de París: limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Este acuerdo incluye también el Global Implementation Accelerator y la Belém Mission to 1.5, que buscan poner en marcha nuevos procesos para acelerar la transición energética.

Combustibles fósiles: una meta sin camino

A pesar de este progreso formal, facilitado por la aprobación unánime, el acuerdo presenta una debilidad significativa: no menciona los combustibles fósiles ni establece una hoja de ruta para su eliminación progresiva. En otras palabras, se fija un objetivo, pero no se detallan los pasos necesarios para alcanzarlo. Esto supone ignorar la petición de 80 países, incluidos los de América Latina y la Unión Europea, que abogaban por un plan con plazos y objetivos concretos. En su lugar, prevaleció la postura de los grandes productores de combustibles fósiles, como Arabia Saudí, Rusia e India, así como la de Estados Unidos, que no participó en la COP30 al no reconocer los Acuerdos de París y, por tanto, oponerse a acuerdos multilaterales.

Otra carencia importante es la ausencia de una hoja de ruta para frenar la deforestación, un tema especialmente relevante dado que la conferencia tuvo lugar en Belém, una ciudad situada a las puertas de la Amazonía, un símbolo clave en la lucha contra el cambio climático.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) calificó los resultados de la COP30 como un conjunto de “pequeñas victorias” y “grandes vacíos”. Por su parte, la Alianza de los Pequeños Estados Insulares (AOSIS, por sus siglas en inglés), que agrupa a 39 países costeros e insulares vulnerables al aumento del nivel del mar, describió el acuerdo como “imperfecto”, aunque reconoció que representa un “progreso” en la dirección correcta.

Las medidas financieras de la COP30

La Global Mutirao Decision establece el objetivo de movilizar al menos 1,3 billones de dólares anuales para acelerar la transición energética, triplicando los fondos disponibles para 2035 en comparación con 2019. Sin embargo, aunque este es un avance significativo, no cumple con las expectativas iniciales: los países menos desarrollados habían solicitado triplicar los recursos para 2030, tomando como referencia el nivel actual de 2025.

El acuerdo también estipula que la mayor parte de los costes recaerá en los países desarrollados, que deberán transferir al menos 300.000 millones de dólares anuales a los países menos desarrollados como compensación por los costes asociados a la transición energética.

Comercio: la cláusula china

El texto del acuerdo incluye una referencia que parece haber sido impulsada por China. En él se establece que las medidas para combatir el cambio climático “no deberían constituir un instrumento arbitrario o injustificado de discriminación ni una restricción encubierta al comercio internacional”. China ha planteado en repetidas ocasiones que las cuestiones ambientales no deben ser utilizadas como una herramienta para limitar el comercio ni para penalizar a grandes países productores, denunciando lo que considera una forma de “proteccionismo climático”.