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Nature's Echo: aprovechar los bucles de retroalimentación para la regeneración

Sostenibilidad 10 min. de lectura
El colapso ecológico no tiene por qué ser inevitable. El ecologista británico Tom Crowther explica los motivos.

Un día más, una crisis climática más. Cada día surgen nuevos titulares que advierten de catástrofes medioambientales. No es difícil comprender por qué faltan motivos para el optimismo, especialmente después de que las olas de calor extremas de 2026 dejaran parches de hierba seca en los parques de Londres, los bosques cercanos a Burdeos ardieran y las inundaciones arrasaran pueblos enteros en Nepal.

Pero todavía hay quien cree que el colapso ecológico se puede evitar. Entre los optimistas se encuentra el ecologista británico Tom Crowther.

En Nature's Echo, su primer libro, el científico, a quien también se conoce como «el Steve Jobs de la ecología», se basa en la investigación científica y las experiencias personales en el ámbito de la restauración medioambiental para trazar un camino viable que permita a la naturaleza recuperarse. Asimismo aborda las amenazas del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad económica.

Crowther comienza su libro con una advertencia desoladora: la mitad de
los ecosistemas de la Tierra están al límite. El autor nos explica que hemos llegado a este punto por un concepto aparentemente sencillo de bucles de retroalimentación.

Los bucles de retroalimentación determinan el destino de los complejos sistemas naturales, desde los bosques
y la producción alimentaria hasta las sociedades y las economías mundiales. Por ejemplo, el crecimiento de la población podría generar un bucle autorreforzado: un mayor número de personas producen más ideas y mano de obra, lo que favorece una mayor productividad y poblaciones aún más grandes. Así es como la humanidad logró expandir su huella desde el norte de África hasta todo el planeta.

Los ecosistemas sanos pueden absorber importantes niveles de perturbación, entre ellos los causados por la creciente huella de la humanidad. Los bosques, el suelo, los humedales y los océanos se recuperan de los graves daños medioambientales a través de sus interacciones con diferentes especies, ciclos de nutrientes y procesos de regeneración.

Sin embargo, ningún sistema permanece siempre estable. Incluso el sistema más equilibrado puede cambiar de estado cuando los bucles de retroalimentación positiva empiezan a descontrolarse. Y eso es exactamente lo que está sucediendo hoy.

«A medida que el ser humano se ha ido expandiendo por todo el planeta, también lo han hecho nuestro apetito y el impacto que causamos», escribe Crowther. «Una vez que se forma un nuevo bucle de retroalimentación, puede ser muy difícil revertirlo».

Muchos de los bucles de retroalimentación que en su día mantenían la estabilidad ecológica están empezando a desmoronarse, y se está alcanzando lo que los investigadores llaman un punto de inflexión negativo, un límite crítico más allá del cual los cambios a menudo pueden volverse repentinos e irreversibles. La deforestación del Amazonas, los cambios en la circulación del océano Atlántico y el deshielo de los glaciares son algunos de los cambios observados por un grupo internacional de científicos.https://global-tipping-points.org/case-studies/

Tropical rain forest of Asian. Macro photo branch with moss and roots, blurred focus

Una caja de cerillas

Una vez alcanzado un punto de inflexión, las funciones ecológicas críticas —entre ellas, el suministro de alimentos y agua, así como la regulación de la temperatura y las inundaciones— pueden empezar a fallar.

Crowther estima que siete de cada diez países del mundo han superado un punto de inflexión en el que la pérdida de cobertura forestal supera el umbral crítico del 48%. Más allá de esto, los rendimientos agrícolas pueden caer, lo cual puede causar una interrupción en la producción de alimentos y amenazar la seguridad nacional.https://ecoevorxiv.org/repository/view/7914/

Uno de los ejemplos más elocuentes que menciona el libro es el centro de Portugal, donde cientos de miles de eucaliptos dominan un paisaje que antes era rico en robles, pinos, laurel y castaños. Los eucaliptos, plantados por empresas madereras para satisfacer la creciente demanda mundial de productos de papel, son ahora un peligro medioambiental, ya que son mucho más inflamables que los árboles que han sustituido.

«Vivimos en una caja de cerillas», dice un guardia forestal de la ciudad de Pedrógão.

Según Crowther, los monocultivos de este tipo, en los que una única
especie dominante sustituye a la diversidad natural de flora y fauna, cubren ahora alrededor del 75% de la superficie vegetal del planeta.

A partir de este punto, el libro adopta un tono más sombrío: «El carácter
autopropulsado de este bucle global parecía tener la capacidad de erosionar cualquier sentido de agencia que pudiéramos tener en el proceso… Miremos donde miremos, vemos indicios de que los sistemas a escala planetaria están entrando en nuevos estados».

«La recuperación de los ecosistemas no perjudica a la economía, sino todo lo contrario. En las condiciones adecuadas, los mecanismos eficaces de distribución de la riqueza pueden resultar fundamentales a la hora de orientar los bucles de retroalimentación social hacia la resiliencia.»

Cómo romper el círculo

Sin embargo, Nature's Echo también ofrece un plan para el cambio. Crowther propone
formas de romper los bucles de retroalimentación ecológica negativa —que, según él, están profundamente arraigados en nuestra economía y sociedad— y de impulsar los esfuerzos de recuperación.

A través de su trabajo como académico y fundador de Restor, una plataforma que él y su equipo desarrollaron en colaboración con Google para proporcionar información ecológica a nivel de emplazamiento, Crowther subraya la necesidad de eliminar obstáculos para que los cambios naturales positivos puedan empezar a generar impulso.https://am.pictet.com/ch/en/mega/2024/tom-crowther-biodiversity-monitoring

En muchos casos, las barreras más grandes son de carácter social. La pobreza rural, la falta de
acceso a financiación y la presión de tener que hacer frente a la deuda externa incitan a las comunidades locales y a los Gobiernos a utilizar sus bosques, recursos pesqueros, tierras y reservas minerales para obtener el máximo beneficio comercial.

A menudo, estas presiones se refuerzan por sí mismas. Cuantos más recursos naturales aprovechen las comunidades para satisfacer las necesidades económicas inmediatas, mayor será la presión sobre los ecosistemas, lo que reducirá la productividad a largo plazo y aumentará la dependencia de una mayor extracción. Romper estos ciclos y avanzar hacia prácticas más sostenibles y regeneradoras representa un reto social y, al mismo tiempo, medioambiental.

«Al fin y al cabo, los bucles de retroalimentación no solo existen en los ecosistemas; determinan la manera en que nuestras ideas, actitudes y valores se transmiten en la sociedad», escribe Crowther.

Según nos comenta, hay muchos ejemplos positivos.

Por ejemplo, Costa Rica. Hace solo unas décadas, esta pequeña nación centroamericana
se encontraba al borde de un colapso ecológico, ya que había convertido sus densos bosques en pastos para producir cultivos y criar ganado, por lo que su cobertura forestal tropical se había reducido de un 75% a apenas un 25%.

Alarmado, el Gobierno emprendió un cambio de rumbo en la década de 1980 y puso en marcha iniciativas de restauración en todo el país. Implementó un innovador programa de Pagos por Servicios Ambientales (PSA) para incentivar a los agricultores a proteger las fuentes de agua, conservar la biodiversidad y mitigar las emisiones de carbono.

El programa marcó un importante punto de inflexión. Los agricultores ganaron estabilidad financiera. La cubierta forestal se recuperó hasta alcanzar entre un 55 y un 60%. Pero el impacto tuvo un alcance mucho mayor. «La economía se ha alejado del ganado, el café y los plátanos y se ha orientado hacia el ecoturismo y los bienes y servicios de alta tecnología… Los ingresos rurales de las industrias basadas en la naturaleza han aumentado considerablemente», escribe Crowther.

Costa Rica ha inspirado programas similares en todo el mundo. Un reciente estudio identificó más de 550 programas PSA, que juntos distribuyen entre 36.000 y 42.000 millones USD al año.https://www.researchgate.net/publication/323702193_The_global_status_and_trends_of_Payments_for_Ecosystem_Services

De igual modo, Crowther señala que los innovadores instrumentos de renta fija que se han introducido a modo de prueba en países como Seychelles y Belice pueden tener un impacto positivo, al reducir la presión financiera y dirigir el capital hacia la conservación y los medios de subsistencia locales. Por ejemplo, los canjes de deuda por acción climática reducen los costes del servicio de deuda a cambio de compromisos de conservación, mientras que los bonos azules aumentan la financiación para la protección marina, a menudo en condiciones de financiación más favorables.

«La recuperación de los ecosistemas no perjudica a la economía, sino todo lo contrario», escribe. «En las condiciones adecuadas, los mecanismos eficaces de distribución de la riqueza pueden ser decisivos a la hora de orientar nuestros bucles de retroalimentación social hacia la resiliencia.»

Hacia puntos de inflexión positivos

En su libro, Crowther subraya que los bucles de retroalimentación se refuerzan a sí mismos automáticamente, con independencia de que el efecto sea positivo o negativo. Por lo tanto, cuando países como Costa Rica, o empresas e inversores, toman medidas para crear bucles positivos, los efectos que causan pueden crear un efecto de bola de nieve.

Crowther cita la investigación del antropólogo americano Erle Ellis para poner en tela de juicio la idea de que la actividad humana constituye un obstáculo para el resurgimiento ecológico.

La investigación muestra que el ser humano lleva al menos 12.000 años transformando los ecosistemas, incluso a través de las actividades de poblaciones relativamente pequeñas de cazadores-recolectores y agricultores. Los paisajes también pueden recuperarse, especialmente cuando los sistemas sociales cambian, disminuye la presión sobre la tierra y se permite la regeneración natural.https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2023483118

Ya se observan unos primeros indicios de este cambio. Pongamos como ejemplo la agricultura, la principal causa del cambio en el uso de la tierra y la deforestación. Las recientes innovaciones, como la agricultura de precisión, los cultivos resistentes a la sequía y las plagas y los sistemas de riego inteligentes han reducido los residuos y mejorado los rendimientos de los cultivos, con lo que sea ha reducido a la mitad el uso de la tierra para fines agrícolas por persona y se ha aumentado el suministro de alimentos en todas las regiones del mundo.https://ourworldindata.org/agricultural-productivity-crucial

La deforestación mundial también parece haber alcanzado su máximo nivel. La pérdida
neta media de superficie forestal en todo el mundo se redujo a la mitad en la última década desde el pico de más de 100 millones de hectáreas registrado en 1980. Aunque la cifra sigue siendo alta, supone un paso en la dirección correcta.https://ourworldindata.org/deforestation

«Los avances que experimentan los distintos sectores suponen oportunidades de progreso en otras, lo que crea bucles de retroalimentación que aceleran la transición mundial hacia la eficiencia», escribe Crowther.

«La innovación humana siempre ha trabajado para superar las limitaciones ecológicas a las que nos enfrentamos. Al igual que los cambios en nuestro clima, estas transformaciones tecnológicas y regeneradoras están impulsadas por bucles de retroalimentación que pueden alcanzar proporciones astronómicas. La sostenibilidad se está convirtiendo en la opción más barata y lógica para particulares, empresas y Gobiernos.»

Nature's Echo ofrece una visión inspiradora de lo que es posible, y describe cómo pueden afianzarse los bucles de retroalimentación positivos. Sin embargo, es posible que los lectores echen en falta más detalles sobre las fuerzas sociales, financieras y comerciales que podrían contribuir a que las prácticas regeneradoras adquieran impulso en el sistema económico actual, especialmente en un clima político cada vez más polarizado. Tal vez eso refleje la magnitud del desafío.

Sin embargo, Crowther deja a los lectores con una sensación de optimismo. «La naturaleza se recuperará si nosotros lo permitimos», escribe. «Los bucles que ponemos en movimiento pueden seguir resonando durante mucho tiempo después de que ya no estemos aquí.»

Perspectivas de inversión

Por Gabriel Micheli, gestor sénior de inversiones de la estrategia ReGeneration de Pictet, Pictet Asset Management

  • 2026 fue el año en el que ya no se pudo ignorar el coste económico de las condiciones meteorológicas extremas y la degradación ambiental. Se estima, por ejemplo, que los recientes incendios forestales en el sur de Francia han afectado a 40.000 empresas, y que las pérdidas sufridas ascienden a un total de hasta 15.000 millones EUR.

  • Algunas soluciones medioambientales han alcanzado un punto de inflexión, al beneficiarse de bucles de retroalimentación positivos que reducen los costes y fomentan una implementación más amplia. Por ejemplo, las energías renovables y las baterías constituyen a día de hoy las opciones más limpias y baratas para producir energía en muchos lugares del mundo. Lo mismo podría suceder con la agricultura regenerativa. Las oportunidades para asignar capital a estos esfuerzos están surgiendo con rapidez, ya que ofrecen a los inversores la posibilidad de lograr objetivos financieros y medioambientales. 

  • Invertimos en empresas que contribuyen a la regeneración de los ecosistemas y a la creación de sociedades más resilientes. Según las previsiones, estas empresas, que operan en sectores como la eficiencia industrial, el software de simulación, la recogida y el tratamiento de residuos, las energías renovables y la agricultura regenerativa, registrarán de media un incremento de sus ventas anuales del 14%. Bloomberg, 2026. Basado en las previsiones del consenso para los próximos 3 años