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Mercados emergentes: dejando atrás el temor al precio del petróleo

Renta fija 8 min. de lectura
Los elevados precios del petróleo ya no suponen un descalabro para los mercados emergentes. Su impacto se ve contrarrestado por el auge de sus sectores tecnológicos, la mejora de sus fundamentales y su menor dependencia del dólar.

Los mercados financieros reaccionaron ante la reciente subida de los precios del petróleo exactamente igual que lo han hecho durante los últimos 50 años, al menos al principio. La renta variable disminuyó, los rendimientos de los bonos aumentaron, las divisas de los importadores de energía se debilitaron y se produjo una venta masiva de activos emergentes.

Pero este escenario, tradicional en momentos de crisis del petróleo, resultó ser pasajero. Aunque la deuda emergente en moneda local disminuyó cerca de un 6%, más del doble que la bajada registrada en los mercados desarrollados, se recuperó un 4,2% y acabó coincidiendo en gran medida con ellos. La deuda emergente en USD demostró una mayor resistencia, con una caída inicial menos pronunciada y un repunte más sólido, superando finalmente la rentabilidad de los mercados desarrollados en casi un 2%. Esta evolución es digna de mención, dada la habitual sensibilidad de los mercados emergentes al aumento de la aversión al riesgo.

Históricamente, las subidas de los precios del petróleo empeoran las relaciones de comercio exterior de los países importadores, impulsan la inflación al alza, erosionan las rentas reales de los hogares y terminan lastrando el crecimiento económico. A su vez, los bancos centrales adoptan una postura más restrictiva, los activos de riesgo se resienten y los mercados emergentes suelen ser de los primeros en sufrir las consecuencias.

En esta ocasión, sin embargo, la situación es muy diferente. El principal rasgo distintivo es que las mayores economías del mundo no están recortando gastos, sino invirtiendo. Además, lo hacen en grandes cantidades. En EE.UU., la inversión relacionada con la IA está creciendo cerca de un 25% interanual, mientras que las importaciones estadounidenses de bienes de equipo están aumentando más de un 20% pese al contexto de debilitamiento del consumo. China, también profundamente inmersa en la carrera por la IA, sigue incrementando sus importaciones. Alemania está invirtiendo en infraestructuras, defensa y transición energética.

Todo este gasto genera una gran demanda de exportaciones procedentes de las economías emergentes.

Gran demanda de exportaciones de los mercados emergentes

Podría decirse que Corea ofrece el ejemplo más claro. Tradicionalmente, la subida de los precios del petróleo provocaba un deterioro importante tanto de sus relaciones de comercio exterior como de su balanza comercial. En 2022, cuando los precios del petróleo se dispararon tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la balanza comercial de Corea se deterioró en casi un 2,5% del PIB. Este año, en cambio, mejoró en más de un 5% del PIB en tan solo dos meses.

La razón es sencilla: a día de hoy, el precio de los semiconductores es más importante para Corea que el del petróleo. La demanda de chips para centros de datos y e infraestructuras de IA ha contrarrestado con creces el incremento de los costes energéticos. Las relaciones de comercio exterior de Corea han mejorado en más de un 17%, frente al descenso cercano al 10% registrado durante la crisis energética relacionada con Ucrania (véase la fig. 1).Variación interanual de febrero a abril en ambos casos. Taiwán sigue una trayectoria similar: su superávit comercial ha aumentado en más de un 2% del PIB, en claro contraste con el deterioro observado durante la crisis del petróleo anterior.

En términos más generales, 18 de las 22 economías emergentes que ya han publicado sus datos comerciales de abril están comportándose mejor que en 2022. Y ello no solo se debe a los semiconductores.

El desarrollo de las infraestructuras digitales y la electrificación de la economía mundial están impulsando la demanda de materiales que se extraen y refinan en países emergentes. Los precios de los metales industriales han subido más de un 40% en el último año, un aumento comparable en gran medida al del propio petróleo. Para los mercados emergentes, esto ha sido una mina de oro: Chile, Perú, Mongolia y Zambia se están beneficiando de la subida de los precios del cobre; Kazajistán, de los del uranio; Indonesia, de los del níquel. Brasil, Malasia y la India también se están aprovechando de este impulso favorable.

Fig. 1 - Auge del comercio

Relaciones de comercio exterior de Corea, base reajustada (100 = 2015)

Fuente: Pictet Asset Management, CEIC, LSEG. Datos del período comprendido entre el 01/01/2014 y el 01/05/2026.  Un valor más alto indica una mejora de las relaciones de comercio exterior

El poder decreciente del dólar

Existen otras dinámicas que también están cambiando a favor de los mercados emergentes. Las crisis petroleras anteriores se han visto agravadas por una fuerte apreciación del USD, multiplicando el impacto negativo en las economías con deuda denominada en dólares.

Pero, aunque el billete verde mantiene su aplastante posición dominante como divisa de pago e intermediación, el mundo está dejando gradualmente de centrarse tanto en el dólar. El índice del dólar se apreció tan solo un 1,2% entre febrero y mayo, frente al casi 6% registrado durante la crisis del petróleo de 2022. Cabe destacar que las divisas de los países emergentes deudores solo se devaluaron un 2,3%, menos de una cuarta parte de la depreciación registrada durante la última subida del precio del petróleo en 2022.

La capacidad del dólar para acentuar las crisis parece estar disminuyendo gradualmente a medida que las reservas se diversifican y los mercados financieros locales aumentan su desarrollo.

La creciente importancia de Europa también ha influido. En crisis del petróleo anteriores, la subida de los precios de la energía solía traducirse en un menor crecimiento europeo que afectaba especialmente a Europa Central y del Este. Hoy en día, la expansión fiscal alemana, el aumento del gasto en defensa y las inversiones en infraestructuras a gran escala están creando un motor de crecimiento regional que hacía años que no se veía. Por ello, el zloty polaco, la corona checa y el forint húngaro han resistido mucho mejor que durante episodios similares en el pasado.

La menor presión soportada por las divisas emergentes ha contribuido a limitar el efecto inflacionista de la crisis. Entre las 23 economías emergentes que ya han publicado los datos de mayo, la inflación ha aumentado una media de 1,2 puntos porcentuales en 2026, frente a los 3,2 puntos porcentuales registrados durante el episodio de 2022, y 16 países (aproximadamente el 70% de la muestra) han experimentado un aumento más moderado en esta ocasión.

Fig. 2 - Mayor resistencia

Efecto en la inflación: guerra de Irán frente a guerra de Ucrania

Fuente: Pictet Asset Management, CEIC, LSEG. La inflación de los países situados por debajo de la línea discontinua se vio menos afectada por la guerra de Irán que por la de Ucrania; los países situados por encima de la línea se vieron más afectados.

“A pesar de la subida de los precios del petróleo, los activos emergentes siguen encontrándose en uno de sus contextos más favorables desde principios de los años 2000”.

Mejores fundamentales de los mercados emergentes

Por último, los propios mercados emergentes han experimentado un cambio.

Durante los años 90 y principios de los 2000, muchos de ellos tenían unos déficits por cuenta corriente elevados, una deuda denominada en dólares considerable y unas reservas de divisas limitadas. Con frecuencia, una crisis del petróleo bastaba para provocar graves crisis financieras.

Hoy en día, sus reservas son mayores, su deuda externa es menor, sus balanzas por cuenta corriente son más sólidas y sus bancos centrales gozan de más credibilidad. Aunque sus vulnerabilidades no han desaparecido, son mucho menores de lo que solían ser.

Ni que decir tiene que una crisis del precio del petróleo sigue siendo inflacionista y perjudicial para el crecimiento mundial. Sin embargo, ahora sus efectos se ven atenuados por unas fuerzas estructurales mucho más potentes.

La IA está favoreciendo a los exportadores de tecnología. La transición energética está favoreciendo a los productores de materias primas. La desdolarización está reduciendo parte del mecanismo de amplificación financiera. Los programas de inversión europeos están fortaleciendo regiones clave. Y las economías emergentes están afrontando esta crisis con unos fundamentales mucho más sólidos que en décadas anteriores.

La suma de estas fuerzas explica por qué, a pesar de la subida de los precios del petróleo, los activos emergentes siguen encontrándose en uno de sus contextos más favorables desde principios de los años 2000.

Perspectivas de inversión

Por Adriana Cristea, gestora sénior de inversiones, y Robert Simpson, responsable de estrategia y soluciones de inversión en renta fija emergente

  • La reciente crisis del petróleo, más que debilitar ha reforzado los argumentos a favor de la renta fija emergente.

    Incluso antes de que los precios del petróleo retrocedieran hasta niveles previos al conflicto, los datos de inflación de los mercados emergentes ya sorprendieron a la baja, con la gran mayoría de las cifras publicadas en mayo situándose por debajo de las expectativas. La posterior bajada de los precios de la energía reduce aún más el riesgo de crisis inflacionistas persistentes, especialmente en las economías importadoras de petróleo, y favorece las balanzas exteriores y el crecimiento. A diferencia de anteriores alzas del petróleo, las previsiones de inflación se han mantenido relativamente bien ancladas.

  • Bonos emergentes en moneda local

    Esto crea un contexto atractivo para los inversores en bonos emergentes en moneda local. La política monetaria en muchos mercados emergentes sigue siendo restrictiva, lo cual mantiene los rendimientos reales en niveles elevados en términos históricos y ofrece un margen de carry considerable. Si a esto se suman la mejora de la dinámica de la inflación y el fortalecimiento de las posiciones exteriores, significa que las rentabilidades no tienen por qué depender únicamente de un contexto económico mundial favorable.

    Las oportunidades más atractivas se encuentran en aquellos mercados donde el carry es considerable, la credibilidad de las políticas está mejorando y las reformas específicas de cada país están reforzando la confianza de los inversores. En general, los bonos emergentes en moneda local siguen ofreciendo una combinación atractiva de ingresos, diversificación y potencial de revalorización selectiva del capital.

  • Bonos emergentes en divisas fuertes

    Los bonos emergentes en divisas fuertes siguen generando buenas rentabilidades, impulsados por unos fundamentales sólidos y una menor exposición a las crisis. Con unos rendimientos todavía elevados en términos históricos, unos niveles de deuda inferiores a los de los países desarrollados y un menor riesgo económico, esto representa una oportunidad estructural a largo plazo para obtener rentabilidades superiores.

    El número de países en los que se puede invertir está aumentando y las calificaciones crediticias están mejorando. Así pues, la deuda emergente en divisas fuertes representa una clase de activos excepcionalmente diversificada que ofrece oportunidades de rentabilidad superior a largo plazo.